La visión de la Paz desde El Alto es impresionante. Situada a 3660 msnm en el cañón formado por el río Choqueyapu y rodeada de altas montañas, da la sensación de un enorme puzzle de casas marrones y rascacielos. Si La Paz es la capital del país con un millón de habitantes, El Alto es la capital de los aymaras que se han instalado en este suburbio provenientes del campo, en busca de una mejor vida en la gran ciudad, igualando ya el número de habitantes. No sólo su altitud, sino también sus pronunciadas cuestas y su gran polución automovilística, hacen que cada poco tengamos que parar para coger aliento. Y también decidir estrategias como caminar por calles donde los coches bajen, emitiendo muchísima menos cantidad de ese humo negro tóxico.
Nos alojamos en un hostal en la calle Comercio. Antigua casa colonial residencia de uno de los 65 presidentes de la República, está muy cerca de la Plaza Murillo donde se hayan los edificios gubernamentales, rodeados de coches oficiales y agentes de seguridad, aunque no nos topamos con Evo... Desde primera hora de la mañana las furgonetas que sirven de transporte público se amontonan por las calles, pitando al denso tráfico y voceando su recorrido y precio por la ventanilla. Los limpiabotas ocupan sus esquinas y las cholitas preparan sus puestos de artesanía, fruta, comida preparado o bazar, mientras las calles se abarrotan de gentes que vienen y van como en un hormiguero. Y es que los mercadillos se suceden por doquier, abarcando todo tipo de mercancías, hasta el más curioso de ellos, el mercado de las brujas, donde se puede encontrar desde remedios medicinales a preparaciones mágicas para mejorar tu suerte, encontrar trabajo o quizás el amor.
Durante dos días nos dedicamos a pasear por esta caótica ciudad y a comprar artesanía, tras un agorador regateo, que ya hemos envíado a casa, pues nuestras mochilas siguen siendo un tetris ajustado milimétricamente. Visitamos las cercanas ruinas de Tiawanaku, que a pesar de no conservarse en muy buen estado debido a la expoliación española y local, dan una buena idea de la grandeza de esta cultura preincaica, la más antigua que se extendió a lo largo de los siglos por la zona del altiplano sudamericano. Además de los restos de la piramide de siete pisos dedicada al mundo celeste, se puede ver el templo dedicado al inframundo así como la Puerta del Sol, cuyas representaciones coinciden con el calendario solar y que se cree marcaba el solsticio de invierno, alineándose con el sol en tal fecha. En su descuidado museo se pueden ver también gran cantidad de artefactos pertenecientes a esta cultura, aunque la mayoría se encuentren en el museo de La Paz o repartidos por el resto del mundo. Como colofón del trayecto pudimos disfrutar de una magnífica vista del altiplano rodeado por la nevada Cordillera Real, la parte de los Andes que bordea La Paz, y de la ciudad misma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario