Enseguida encontramos un hostal con TV, baño privado y a un precio genial. Además tenía una terraza en el último piso donde pudimos lavar y tender nuestra ropa sucia.
También nos reencontramos pronto con nuestros amigos que estaban alojados muy cerca. Subimos todos juntos al cerro Calvario situado en un extremo de la ciudad, para disfrutar de la puesta de sol sobre el lago navegable más alto del mundo, aunque las nubes nos impidieron una más linda visión. Tuvimos que bajar iluminados con la ayuda de un frontal ya que la parte más alta del cerro carece de farolas y hay que ver el camino de escalones irregulares y resbaladizos... Descubrimos un restaurante fantástico con vistas sobre la ciudad iluminada donde la trucha del Titicaca era deliciosa. Planeamos ir a la Isla del Sol al día siguiente, pero al amanecer con una gran tormenta, cambiamos de opinión. De todos modos, a eso de las once volvía a lucir el sol, y es que nos explicaron los locales que éste es el patrón durante los meses lluviosos. Así que nos fuimos a visitar el observatorio astronómico natural conocido como Orca del Inca, en otro cerro situado justo en el costado opuesto de la ciudad. Las vistas sobre la ciudad y el lago desde aquí también eran impresionantes.
Por la tarde dando un paseo por las afueras del pueblo, los chicos se unieron a un partido de fútbol con los niños locales, donde a pesar de acabar en un muy reñido empate, compramos el refresco apostado si perdíamos. Para la cena acudimos al mismo restaurante, donde decidimos que lloviera o no, al día siguiente nos íbamos a la Isla del Sol en el barco de las ocho y media.
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