Pero hablemos de Arequipa, ciudad famosa por sus hermosos edificios coloniales construidos en sillar o piedra volcánica blanca. No obstante, está rodeada por 5 volcanes, algunos de ellos aún activos. Queríamos visitar el Cañón del Colca, el segundo más profundo del mundo, que se haya a corta distancia, pero el mal estado de las carreteras y la abundancia de nieblas y lluvias nos hizo desistir. En otra ocasión será. Nos conformamos con explorar esta preciosa ciudad y disfrutar de su gastronomía y también de su animada vida nocturna. Aunque lo más sorprendente fue encontrar el menú más económico hasta ahora: 3 soles (0,75€), eso si, no hay quien se libre de la sopa de primero.
Pasear por la ciudad es descubrir preciosos edificios y casonas históricas a cada paso, como la Casa del Moral con su fantástica colección de muebles de época o el famoso Convento de Santa Catalina, abierto casi en su totalidad hoy al público, donde se pueden visitar las celdas y antiguas cocinas de las monjas de clausura que lo habitaban. Posee una de las catedrales más grandes de latinoamérica situada en su señorial plaza de armas. Lástima que los peruanos tengan la costumbre de usar el cláxon para cualquier maniobra, provocándote un inevitable dolor de cabeza al final del día.
Nos alojamos en el muy recomendable hostel "Home sweet home", gracias a que nuestro amigo y compañero de viaje Alberto lo descubrió primero y gracias a él también recordamos viejos juegos de adolescentes cerveceros, acabando la noche más larga con un espontáneo partido de fútbol callejero, con una botella de plástico como balón. ¡Estamos hechos unos chavales!
Lamentablemente, no tenemos la impresionante foto de Arequipa con el volcán Misti de más de 5000 metros de altura al fondo, ya que tímidamente alcanzamos a ver su silueta en último día desde la terminal de buses.
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