28/1/09

Villarrica, 21-24/01/09

Nos dirigimos hacia el noreste hasta la población de Villarrica, en una zona llena de lagos, volcanes y fuentes termales. Distante sólo 25km de Pucón, que es un famoso centro turístico nacional de alto standing, preferimos hospedarnos en su vecina ciudad para huir de las masas. Y la verdad que lo logramos. El hostal La Torre Suiza es una casa de tres pisos regentada por una pareja de trotamundos suizos que llegaron y se instalaron tras haber recorrido medio mundo en sus bicicletas. Un sitio muy agradable y con la mayor tasa de suizo-alemanes por m2 del lugar, jeje. Llegamos en un día super caluroso, 34ºC, en el que era insoportable andar por la calle bajo el sol abrasador. Cerca del hostel está el centro cultural Mapuche, donde a parte de vender su artesanía, organizan actividades para acercar las costumbres de este pueblo al resto de habitantes y turistas. Acudimos a un “bautizo” Mapuche donde, engalanados con los trajes y joyas típicas, presentaban al niño en sociedad y le elegían un nombre. Luego lo celebraban con comida, música y danzas. La organización fue caótica, pero a la vez muy auténtica y pudimos probar un bocado de la comida Mapuche.


Esa misma noche conocimos a Antonio, un santiaguino que a parte de darnos información sobre la zona, también nos explicó muchas cosas interesantes de su páis, desde historia a gastronomía, pasando por un rico y divertido conjunto de dichos y expresiones chilenas. Por ejemplo, ¿sabéis cómo llaman a alguien tacaño? “Manos de guagua” (que significa bebé). Y es que, ¿habéis visto a algún bebé con la mano abierta? Jaja....Ingenioso, ¿no?

Al día siguiente nos fuimos a Pucón en micro y de ahí a visitar los Ojos del Caburgua, que son unas cascadas naturales. Al estar en propiedad privada, los miradores caen en dos zonas distintas, con lo que por el lado que entramos sólo podíamos ver una de las cascadas. Fuimos y vinimos intentando dar con el camino a las pasarelas para ver las otras, pero todo el perímetro estaba vallado. El único camino era cruzar un pequeño río, así que cámara en ristre y pantalón remangado, Ana cruzó al otro lado para disfrutar del resto de las caídas.


De nuevo en la carretera hay 7km más para llegar al lago Caburgua y a la zona de baño. Andar bajo el sol y por la carretera no era una gran opción y el autobús no sabíamos cuánto tardaría, así que nos sumamos al gran número de autoestopistas de por aquí y....¡ Bingo! El segundo coche que pasó nos acercó hasta el lago (las piernas de Ana son infalibles, jeje). Un par de baños reconfortantes y un ratito de bronceado antes de volver de nuevo a Pucón, donde constatamos la cantidad inmensa de turistas que recibe esta ciudad, además de tomar unas fotos más cercanas del volcán Villarrica, uno de los que aún están activos en Chile.

Al día siguiente madrugamos para ir a caminar al parque nacional Huerquehue, que en lengua Mapuche significa “Tierrra de Vigilantes”. Al llegar pronto por la mañana puedes disfrutar del paseo con más calma antes de que apriete el calor. A parte de otras especies autóctonas, a partir de los 1000 msnm crecen las Araucarías, árboles que pueden llegar a medir 50m de alto y cuya copa está formada por ramas que se disponen en circulo, llenas de pequeñas hojas gruesas de un tono verde oscuro, a imitación de la forma de un paraguas abierto. Visitamos también 3 lagos de aguas tranquilas y transparantes y dos cascadas por el camino, antes de regresar cansados pero contentos a Villarrica.

En Villarrica solamente nos quedó pendiente la subida al volcán del mismo nombre, pero dado el calor sofocante que reinaba y el coste más que elevado de la expedición a la cumbre, que sólo puede ser guiada, desistimos del intento. Nuestro bolsillo aún nos lo está agradeciendo, jeje. No obstante a que no subimos desde nuestra habitación pudimos ver uno de los mejores amaneceres que allí se pueden disfrutar...

Valdivia, 18-21/01/09

Llegamos a Valdivia, capital de la región de la Araucanía y los Lagos y ciudad universitaria del sur por excelencia. Nada más llegar nos dirigimos al hostel de la cadena HI, y es que ya echábamos de menos sus estándares, aunque compartamos habitación. Y para nuestra sorpresa nos encontramos una casa de tres pisos modernamente decorada, limpia, luminosa y con un jardín trasero con 2 graciosas mascotas: un conejo y un pato.

Valdivia es una ciudad donde se respira tranquilidad a pesar de su tamaño, unos 250.000 habitantes. Tiene una animada feria del pescado por la mañanas donde pudimos comprar 1,5 kilos de almejas por menos de 1,20€, riquísimas.

En su río se han instalado un grupo de leones marinos, que por supuesto comen gratis a diario las sobras del pescado que les tiran los feriantes. Es increíble la cantidad y variedad de aves que viven en esta ciudad bordeada por dos rios y cercana al mar, incluso vimos un pelícano.

En una de las terrazas de sus calles peatonales por fin disfrutamos del Curanto. Compartimos uno entre los dos y, menos mal, porque es abundante y difícil de digerir. Por supuesto acompañado de un “schop” de la cerveza destilada localmente, la Kuntsmann de Valdivia, y es que los alemanes también se trajeron esa tradición cervecera.

Por la tarde paseamos por un barrio residencial tranquilísimo y lleno de casonas de estilo alemán, la Isla Teja. Al día siguiente fuimos a visitar el museo histórico y antropológico donde lo más llamativo es la zona reservada al arte Mapuche, con cantidad de joyas y cerámica. Los Mapuches, que significa “gente de la tierra”, eran los habitantes de esta zona antes de la conquista española y prestaron una gran resistencia a la colonización. Aún quedan muchos en esta región, que se reparten mayoritariamente en núcleos rurales, dedicándose a la agricultura y ganadería y también a la artesanía en barro, lana, madera y plata.

Por la tarde fuimos a visitar las ruinas de las fortalezas españolas que quedan cerca de la ciudad. Y es que a Valdivia se accede por un estuario en el pacífico, por lo que se construyeron varios fuertes para su defensa, entre ellos el de Corral y el de la Isla Niebla.

El tercer día nos lo tomamos de reláx y por la tarde fuimos a la playa grande en la Isla de Niebla y constatamos que las aguas del pacífico son gélidas, sólo para los más atrevidos, así que Ana se refrescó a trozos desde la orilla. El sol golpea con gran fuerza en estas latitudes, así que tras un rato nos volvimos a Valdivia en busca de una terraza con sombra donde disfrutar de un buen “schop” vespertino. ¡Super refrescante!

Valdivia es uno de esos lugares donde uno estaría más tiempo del planificado debido a la tranquilidad y orden que transmite. Probablemente esta idea cambie en plena época universitaria.

Puerto Varas, 15-18/01/09

Dejamos Chiloé con su autenticidad por encanto y nos dirigimos a un destino mucho más turístico, Puerto Varas, la capital del turismo en el sur. Nada más llegar al centro disfrutas de una bonita vista del lago Llanquihué y el volcán Osorno con su nevada cumbre en la lejanía.

Nos hospedamos en una casona de estilo Alemán de los años 20, y es que esta zona de Chile fue colonizada por gran número de emigrantes alemanes durante los años 30 y 40, tras la proclamación de la República Chilena, animados por las generosas porciones de terreno que el gobierno les ofrecía sólo por venir a ocuparlas. El hospedaje es como la casa “Monster”, enorme pero bastante dejada, donde a cada paso crujen las maderas.
Paseamos por la costanera disfrutando del sol y el calor de nuevo por fin, y de las playas de arena negra que hacen las delicias de los más pequeños. El día siguiente amaneció lloviendo animadamente y muy nublado, con lo que cancelamos nuestro plan de ir a caminar al parque nacional Vicente Pérez Rosales. Pasamos el día paseando por la ciudad que está a rebosar de turistas nacionales, sobre todo familias. De paso Ana aprovechó para ir a la esteticién para librarse de esos pelacos, jaja, y ya está lista para la playa. Encontramos un bar a pie de lago con buena música y donde pudimos disfrutar de un buen “schop” de una cerveza artesanal de la región, la Valbier, hecha en Valdivia, a parte de usar su wifi gratuito. Por cierto, “schop” pronunciado sin “s” es una cerveza tirada, vamos, una caña, y hay bares exclusivos llamados “schoperías”, unos expertos en servir cervecitas.

Por fin al día siguiente salió de nuevo el sol y fuimos a Petrohué a caminar al parque nacional, por la falda del Osorno. La señalización es escasa, con lo que perdimos nuestro camino bastante rápido y nos vimos en el cauce del río que baja de la cima del volcán durante el deshielo, estando ahora seco. De todos modos disfrutamos de una buena vista del Osorno y del lago Todos Los Santos dando gracias a Dios por llegar sanos y salvos de un recorrido en uno de los viejísimos microbuses del servicio rural chileno.

21/1/09

Chiloé, 12-15/01/2009

Desembarcamos en Puerto Montt prontito en la mañana, 8:15 para ser exactos. El día estaba gris y desde el muelle se veía levemente el volcán Osorno a lo lejos, una bonita estampa. Decidimos ir directamente a la Isla de Chiloé en vez de descubrir la ciudad de Puerto Montt ya que todo lo que habíamos leído no era muy alentador.

Chiloé es la segunda isla más grande de Sudamérica después de Tierra del Fuego. Famosa por sus iglesias de madera, muchas de ellas declaradas patrimonio de la humanidad por la Unesco, sirve también como puerta de entrada al pasado, ya que los chilotas aún resisten a las nuevas modas y ni de lejos están preparados para el turismo de masas. La isla es también carne de cañón para la mitología, y es que cuentan con muchas leyendas y personajes de lo más pintorescos.

Para llegar a Chiloé hay que cruzar el estrecho de Chacao, donde las corrientes son verdaramente fuertes y se pueden observar a simple vista. El trayecto duró unos 15 minutos y desde el muelle ya se podían ver lobos marinos nadando alrededor del transbordador así como delfines y hasta una pareja de pingüinos magallánicos que debían estar perdidos porque la pingüinera les quedaba un poco lejos de donde se encontraban.

Nuestra primera parada fue en Ancud, un pequeño pueblo al norte de la isla y no muy lejos de la pingüinera chilota. Dispone de un museo regional muy interesante sobre la cultura y tradiciones chilotas que sin duda fuimos a visitar esa misma tarde. En el museo también se exhibían fotografías de Ancud de 1960 cuando un terrible terromoto de 9,5º en la escala de Richter generó un tsunami de tal magnitud que se llevó casas y comercios kilómetros más allá. Entre el terremoto y el tsunami, Ancud quedó debastada inutilizando por completo incluso el servicio ferroviário aún sin restaurar. El museo dispone de un jardín trasero donde exponen diferentes piezas tales como troncos petrificados, locomotoras antiguas o lo más espectacular: un esqueleto de ballena azul de 25 metros de largo, la cual quedó barada en 2005 en las playas del pueblo, ¡Qué grande!.

A la tarde buscamos un lugar donde cenar y poder degustar el plato típico chilota: el Curanto, una mezcla de carne de vacuno con marisco a la cazuela. No encontramos un lugar que pudiéramos pagar así que nos dirigimos al mercado donde se encontraban una especie de locales muy pequeños que servían comidas calientes llamados “Cocinas”.
Al día siguiente partimos hacia Castro, la capital de Chiloé, y es que Ancud no daba para más. El día amaneció espléndido con un sol radiante que prometía y que no defraudó. Al llegar a la terminal y, al igual que en Ancud, no teníamos reserva para dormir y nos dejamos querer para que los particulares nos ofertaran algo barato. Regateamos un poco y así pudimos conseguir alojamiento y desayuno a un precio razonable: 6000 por persona (unos 7,75€). El hospedaje era básico pero estaba limpio y no muy lejos del centro y las señoras que lo regentaban muy amables y cordiales.
Castro es famosa por sus palafitos, casas postradas en el litoral apuntaladas con maderos que se insertan en el mar a modo de pilares quedando éstos descubiertos cuando baja la marea. Este tipo de edificación es sin duda llamativo pero no hay que pasar por alto el diseño chilota en las fachadas. Los diseños muestran motivos realizados en madera superpuesta en caída desde el techo al suelo los cuales pueden variar en tamaño, color y en el acabado. Mención especial merece la industria maderera puesto que el hormigón solo se utiliza en grandes construcciones tales como puentes y/o naves industriales siendo pues la madera el elemento básico para la construcción de viviendas.

A mediodía parecía que teníamos hambre y como pasábamos por delante del mercado del pescado y el marisco, decidimos echar un ojo a ver si nos vendían algo para llenar el estómago. Eran puestos que vendían raciones pequeñas para llevar, ya que el ayuntamiento les prohibía que sus clientes consumieran allí mismo, justo al lado de un par de restaurantes. Nos llevamos un par de raciones, una de salmón con picadillo, buenísimo, y otra de mariscos variados. Ésta última, que era la que prometía, resultó ser un desastre para nuestros paladares, aún y poniéndole un limón entero exprimido. Que sabor más raro tenía todo...Lo único positivo fue que probamos el Erizo de Mar que nunca antes lo habíamos hecho. Dado que el gusto que teníamos en la boca no era el mejor, buscamos un lugar para tomarnos un café y matar éste. No tardamos mucho en entrar a un local donde resultó que el encargado había estado trabajando en Barcelona unos 2 años. Trabajó de camarero mucho tiempo pero el recuerdo que más se le quedó en su memoria fue cuando trabajaba de guía pedaleando en bicicleta todo el santo día. Era “bici-guía” y se ganaba muy bien la vida...
Conversamos con él un buen rato, claro, y nos invitó a ir a la noche a probar el “Pisco Sour” ya que tenían 2x1. Que podíamos hacer nosotros más que ir, ¿no? Bueno, decir que el Pisco es la bebida oficial Chilena y también Peruana, aún están en pleitos por la autoría, y nos apetecía probarla... Evidentemente fuimos a probarlo y hay que decir que nos gustó mucho, todo y sus 35º. Lo preparan de muchas maneras como si fuera un cócktel y lo más parecido que nosotros conocemos sería un “Mar de Cava”. Hacía muuuuchas semanas que no salíamos por la noche y lo del Pisco Sour estuvo muy bien, 3 por barba, jeje.

Al día siguiente visitamos otra isla del archipiélago chilota llamada Quinchao, en la que se encuentra la iglesia más antigua de Chile, en Achao. Construída totalmente de madera, tiene un retablo muy elaborado.

Esa misma tarde visitamos un par de pueblos más muy poco turísticos, lo que se agradeció enormemente por la tranquilidad y paz que allí se respiraban. De vuelta a Castro asistimos a un recital de música jesuítica mapuche. Los niños del coro cantaron y tocaron muy bien para las edades que tenían, aunque al ser el concierto en idioma mapuche no pudimos entender nada. Para la tranquilidad de todos los que nos conocen queremos decir que no nos hemos convertido.

14/1/09

Navimag, 8-12/01/2009

Por fin llegó el día y tras hacer check in de nuestras mochilas por la mañana, a las 21:00 embarcamos en el buque Navimag (Navegaciones Magallánicas). Viajamos en cabina C, la más económica, que esperábamos mucho peor, la verdad. Pensábamos que las 22 literas se distribuirían en una sola sala sin ventanas a lo largo de dos filas con un pasillo central, como en las pelis sobre el ejército y que los baños compartidos serían insuficientes en número y estarían siempre ocupados. Pero nada más entrar nos llevamos una grata sorpresa. Las 22 literas se distribuyen de 4 en 4 a lo largo de 3 pasillos, con una consigna por pasajero a los pies de las mismas, donde cabe de sobra el equipaje. Los baños comunitarios sse hayan centrales en la cabina y hemos tenido la suerte de tener una ventana entre las literas que permite no solo observar el paisaje, sino minimizar al máximo cualquier sensación de claustrofóbia.

Por areas comunes tiene el comedor y sala de video en el piso inmediatamente superior al nuestro, y un bar en el último piso. Realizan diferentes actividades a lo largo del día para entretener al pasaje como proyección de documentales y películas chilenas, bingo y hasta una fiesta que nos genera bastante curiosidad, ya veremos.

Zarpamos a las 5:10 de la mañana y un poco antes de las 7 nos despertó el “dulce” sonido de la megafonía anunciando la travesía por el paso más estrecho del recorrido, tan sólo 80 metros, teniendo en cuenta que el barco tenía 23 metros de ancho la maniobra era ajustada. El desayuno fue variado y abundante y el agua de la ducha calentita ¡Qué más se puede pedir! ¡Ah! ¡Sí! Que salga el sol y afloje el viento que nos molesta en cubierta para disfrutar mejor de estos islotes rocosos que forman los canales patagónicos. Por la tarde nos acercamos para avistar el glaciar Skua, aunque lo poco que pudimos ver fue la densa niebla que lo cubría y que rozaba el agua del canal por el que navegábamos. Era como una película de piratas, solo que el nuestro era el único barco allí. La niebla y la llovizna fueron las grandes protagonistas del primer día, unidas a la película chilena ganadora en el Festival de Cannes, “Machuca”, que refleja la situación social del país durante los últimos meses del gobierno de Allende y tras el golpe de Pinochet, a través de los ojos de dos niños, uno de familia acomodada y otro muy humilde.


Menos mal que el día siguiente se levantó soleado y pudimos desembarcar para visitar Puerto Edén, único reducto habitado en los canales patagónicos sur y donde aún viven algunas familias Kaweskhar, nativos originarios que habitaban estos canales antes de la colonización. Nos vinieron a buscar en barcas a motor para llevarnos al muelle del pueblo. Sus casas coloridas y la red de pasarelas de madera para recorrerlo le confieren su encanto. A lo largo del paseo diversas señoras trataban de vender su artesanía, mayormente cestillos hechos de hierba y pequeñas réplicas de las barcas Kaweskhar hechas en pelo de lobo de mar. Éstos nativos eran cazadores y pescadores y sobrevivían a las duras condiciones climáticas de la zona con gran adaptación.


Mabel, dueña del hostel de Puerto Natales, nos contó cómo su abuela solía explicarles la fascinante visión de las mujeres Kaweskhar nadando desnudas hacia el barco Navimag cuando ella realizó este trayecto pero a la inversa, en los años 20, y cómo la gente les tiraba comida desde el buque. Los tiempos han cambiado mucho y hoy los pocos que aún habitan estas aguas están completamente modernizados, aunque algunos aún usen su lenguaje materno que acabará extinguiéndose, al igual que ellos en un futuro no muy lejano.

Seguimos nuestro rumbo pasando por la Angostura Inglesa, un paso largo e intrincado formado por islas que dejan estrechuras de menos de 400 metros. Pudimos disfrutar del nado de diversas focas cerca del barco, así como el paso enfrente de la “Stella Maris”, que protege a los pescadores y que te da buena suerte si tiras una moneda al agua enfrente suyo. Así mismo vimos los restos de un buque griego barado en el Bajo Cotopaxi, donde sólo existe una roca.

Las escarpadas islas montañosas que rodean estos canales, llenas de rugosidades y vegetación que crece desafiando la verticalidad de sus riscos, unida a su condición de tierras vírgenes, nos hizo sentirnos como unos exploradores avistando el nuevo mundo, salvaje, intacto y perfecto.

Por la tarde salimos a mar abierto y el océano Pacífico nos acunó de un lado a otro. Un par de biodraminas y una restricción de líquidos y pasamos el famoso Golfo de Penas sin problemas, aunque Oscar dormitara gran parte de la tarde y toda la noche para evitar marearse o males peores. Cuentan que antiguamente en días de mala mar ataban al pasaje con cadenas, al igual que la carga, para cruzar este golfo, tal es la fuerza de embestida de sus olas...Menos mal que tuvimos buen tiempo.


El Domingo amaneció con un cielo totalmente despejado, sol y 11ºC de temperatura. Habíamos vuelto a ingresar en uno de los canales y el mar no se movía en absoluto, debido a la falta de viento. Avistamos numerosas aves marinas y varios delfines que saltaban al lado del barco. También pudimos disfrutar de numerosos volcanes con sus conos nevados en la orilla continental, y es que Chile posee gran cantidad de ellos, algunos aún activos. Han sido 3 días de completo relax y disfrute de los paisajes que la naturaleza nos brinda, sin tener que pensar dónde dormiremos hoy o qué comeremos.


Acabamos el día jugando al bingo en el bar, donde por supuesto no ganamos nada ni siquiera el premio al ganador de los perdedores que era una botella de tinto (premio soñado por Oscar y que no pudo obtener). Después del “magnífico” bingo organizado por la tripulación, comenzó la fiesta que fue de tal embergadura y calidad que decidimos abandonarla de inmediato, jaja.

Puerto Natales, 6-8/01/2009

Aún nos quedán 2 días más en Puerto Natales hasta que el día 8 embarquemos en el Navimag que nos llevará cruzando los fiordos y canales de la patagonia chilena hasta Puerto Montt, avistando glaciares y desembarcando en un pueblo nativo solo si el tiempo lo permite, esperemos que si. Así que pasaremos estos 2 días lavando ropa y poniéndonos al día en el bloc, que ya tocaba...E igual disfrutando de algún programa de la ETB, que aquí sintonizan y les encanta el deporte rutal, las traineras y la pelota vasca. Alucinante, ¿no? Otro claro ejemplo que demuestra lo acertado del libro “Todos nacemos vascos” (jeje). También hemos visto unos cuantos documentales sobre esta región en el hostel. El más interesante sobre la existencia de un ser de enormes proporciones que habitaba en la patogonia y sobre el que los nativos del lugar, los índios Kaweskhar, contaban cuentos y leyendas. Un encuentro fortuíto en el siglo XIX de un enorme esqueleto en una cueva cercana a Puerto Natales puso a investigadores de todo el mundo tras la pista del llamado “Bigfoot” patagónico, que dió nombre a esta región, ya que patagonia en lengua Kaweskhar significa "Pie Grande". Resultó ser un Milodón, enorme perezoso terrestre herviboro que llegaba a medir 4 metros de altura y se sostenía sobre los dos miebros posteriores. Y actualmente extinguido, aunque algunos científicos aún esperen encontrar algún especimen en el Campo de Hielo Patagónico Sur.

7/1/09

Puerto Natales y Torres del Paine, 31/12/2008 - 5/1/2009

Llegamos más tarde de lo previsto ya que al ser feriado medio día había menos gendarmes trabajando en los puestos fronterizos y el paso de ambos se hizo interminable. Además en Chile inspeccionan mochila a mochila cuando entras, una eternidad. En el paso nos encontramos las 4 motos de la BMW Riders'08, que dan la vuelta al mundo, esperando como el resto de mortales la "estampita" en sus pasaportes.

Nada más llegar buscamos un restaurante donde tomar nuestra cena de fin de año y por fin encontramos una larga lista de esa comida tan deseada y añorada el último mes: pescado. Así que compramos uvas y, tras una buena cena con vinito blanco, buscamos un bar donde tomar una copa y comernos las uvas. Oscar tocó las improvisadas campanadas contra el vaso de su cerveza y, en un bar lleno de "guiris", todos nos deseamos ¡Felíz 2009!

Puerto Natales es una ciudad sin mucho encanto, azotada por fuerte viento y donde los veranos son muy frescos. Las casas, en su mayoría de madera y chapa, están caldeadas por estufas de gas, ya que el sistema de radiadores en circuito que conocemos resulta demasiado caro para la economía local. Esta ciudad aún depende enormemente del Navimag, el buque antiguamente carguero y actualmente también turístico, que llega cada jueves desde el norte lleno de provisiones y turistas.

El gran atractivo de la zona es el Parque Nacional Torres del Paine, reserva de la biosfera por la Unesco, y que es llamado el mejor parque natural de sudamérica por sus largos circuitos de trekking y su variada flora y fauna. Posee zonas de acampada gratuita muy austeras, zonas de acampada de pago con servicios y refugios cuyo precio se asimila al de un gran hotel en cualquier otra zona.

En cuanto a los circuitos, el más famoso es la "W" que suele recorrerse en 4 ó 5 días caminando una media de 6 ó 7 horas diarias. Así que nos preparamos con gran ilusión para ir al parque y durante 5 días hacer trekking y acampar recorriendo los fantásticos parajes de la "W". Sin duda sería nuestra experiencia más larga de caminata y teníamos que calcular bien los pesos de las mochilas para poder moverlas ágilmente de campamento en campamento. En nuestro mismo Hostel, Carlos, el dueño, nos alquiló el equipo: tienda, sacos, aislantes y set de cocina. Y nos proveímos de los víveres suficientes para 5 días de ejercicio físico.

El día 3 temprano tomamos el bus al parque. Al llegar estaba un poco nublado y no se veían las famosas torres, columnas de granito enormes causadas por las erupciones volcánicas y glaciaciones, y erosionadas y modeladas por el clima local. Siendo éste uno de los puntos de partida o finalización del circuito, decidimos comenzarlo por el otro lado. Tomamos un bote para cruzar el lago Pehoé y llegar al inicio del camino hacia el glaciar Grey. Nada más bajar del barco difrutamos casi por última vez de la visión de los Cuernos del Paine, antes que negrísimas nubes taparan todo el cielo y comenzara a llover.

Alterando nuestra ruta plantamos la tienda en el campamento Paine Grande, justo enfrente de donde desembarcamos, y justo antes de que la lluvia se hiciera fuerte y racheada por el viento. Así pasamos el primer día, en el refugio o "quincho" del camping amueblado con cocina, mesas y sillas para comer, esperando que al día siguiente el tiempo mejorara, aunque el pronóstico meteorológico del guardaparques no fuera nada alentador.

Todo el que llegaba de caminar venía empapadito hasta los huesos e intentaba colgar sus chorreantes ropas en un rinconcito del quincho deseando que se secaran para poder proseguir al día siguiente. Pero sin calefacción y con la gran humedad del ambiente, eso hubiera sido un milagro. Fuimos la envidia de todos con nuestra cena, una especie de fabada con su chorizo y todo. A las 22:30 nos echaron y cerraron el quincho entre protestas generales. Dormimos bastante incómodos por la falta de espacio en la tienda, pero suficientemente calentitos en nuestros sacos.

El día siguiente amaneció aún más nublado y aún lloviendo. Nuestra desesperación crecía. Decidimos llegar al menos al mirador del glaciar Grey, pero de camino nos cayó una gran tormenta y el gélido viento nos hacía sentir aún más el frio. Volvimos al campamento mojados y desilusionados. Echamos muy en falta nuestros pantalones de lluvia, pero es que no se puede traer de todo en una mochila de 65 litros solamente, aunque a primera vista parezca que es enorme. El resto de la tarde transcurrió de nuevo en el quincho, comiendo, charlando con otros compañeros de penas como Vanessa, James y Guille, y tratando sobre todo de entrar en calor y ponerle al mal tiempo buena cara. Ellos habían ido esa misma tarde al campamento Italiano, siguiente en la ruta, y nos habían contado que estaba impracticable y con escasa visibilidad del recorrido por el valle Francés.
Esa noche nos costó más entrar en calor (Ana usó 3 pares de calcetines) y la lluvia solo cesó bien entrada la madrugada.

La mañana siguiente, tras una breve tregua en la que vimos algún rayo de sol, recogimos las tiendas y decidimos probar suerte en el otro extremo de la ruta. La esperanza es lo último que se pierde y, quién sabe, igual en las Torres no llovía...Cogimos el barco de regreso y mientras esperábamos el autobús hacia las Torres, dimos un corto paseo para ver la cascada Salto Grande, durante el cual comenzó de nuevo a llover, el cielo se cubrió de grises nubes, el gélido viento regresó y acabó de convencernos de que lo mejor que podíamos hacer, con un pronóstico de lluvia y fuerte viento para los tres días posteriores también, era regresar a Puerto Natales.

Así llegamos de nuevo al Hostel cargados más con nuestra fustración que con el peso de nuestras mochilas. Sólo deseando disfrutar de una larga ducha con agua caliente y una fabulosa cena con nuestros amigos y compañeros de fustración, a base de pizza y cerveza. Lo mejor de esos días a parte de la compañía, la tienda, que aguantó estoícamente lluvia y viento a pesar de no parecer muy resistente.

6/1/09

Adiós Argentina, 31/12/2008

Hoy es el último día del año y nuestro último día por tierras argentinas. Hoy dejamos este enorme país, no solo en extensión sinó también en contrastes paisajísticos y socio-culturales.

Hemos visitado parajes tan dispares como la selva de Iguazú o la estepa pagónica, pasando por glaciares e icebergs, gozando y a veces sufriendo sus distintas condiciones climatológicas. Hemos visitado desde humildes aldeas de aborígenes en el norte hasta nuevos y contemporáneos centros turísticos con su "look" europeo en el sur. Hemos visto cómo los precios iban creciendo y creciendo según nos acercábamos al sur, zona económicamente más fuerte y donde esos coches con los que llenarías un reportaje fotográfico de la evolución del automóvil en el siglo XX escasean.



Y es que en toda su latitud y longitud nos ha cautivado este país. La Argentina rica en recursos naturales pero de gente humilde mayormente. Donde la diferencia de estatus económico se ve simplemente observando a las madres que cargan sus retoños en brazos todo el día o a las que empujan un carrito. En la que los chicos de primaria se diferencian por la calle por llevar un guardapolvos igual a la bata de un farmacéutico, del que solo se libran cuando crecen y comienzan secundaria. La llena de carreteras nacionales en mal estado y con peaje, de controles policiales a cada poco y barreras sanitárias para evitar la propagación de plagas alimenticias entre provincias. La que está sembradita de enormes banderas de la república, castigada por el incansable viento patagónico y habitada por gran cantidad de perros callejeros.

La Argentina que una vez fue una gran potencia económica tras la segunda guerra mundial y en la que todos los españoles éramos "gallegos", surcada de vías de ferrocarril hoy abandonadas. Donde darte el cambio en monedas es casi misión imposible por su escasez, zanjando el tema con el redondeo a veces favorable y otras no.

Hemos disfrutado de sus carnes y aún nos sigue molestando el doble precio para extranjeros o nacionales en los parques nacionales, aunque lo acabemos entendiendo. Y hemos de decir que a pesar de los numerosos autobuses, en su mayoría puntuales, y de los miles de kilómetros, en todas partes hemos encontrado gente amable y cordial, de conversación fácil e interesante, dispuestas a compartir un mate con unos "Gallegos".

Como os podréis imaginar hemos hecho miles de fotografías y algunas de ellas están publicadas en Internet. Si queréis darle un vistazo clickar aquí: Galería de fotos.

El Chaltén, 27-30/12/2008

Llegamos a El Chaltén pasado el mediodía. El Chaltén en lengua nativa significa "Cerro Humeante" y es que puede que los indígenas lo tomaran por un volcán al estar casi siempre rodeado de nubes. Éste es un pueblo de nueva creación datado del 1985 y fue exclusivamente creado para dar alojamiento y servicios a los trekkers y escaladores que cada año visitan esta zona. El pueblo discurre a lo largo de una calle principal sin asfaltar en la cual se asientan los hostels y restaurantes sin ningún tipo de orden arquitectónico.


Lloviznaba y estaba muy nublado, así que decidimos proveernos de viandas, como dicen aquí, para los próximos días y dar un corto paseo por los alrededores esperando que el pronóstico de mejora climatológica se cumpliera para los días posteriores.

Fuimos a la casa de información del guardaparques y allí nos enteramos a través de un chico catalán que Dani había coronado la cumbre del Aconcagua. ¡Que pequeño es el mundo! Se ve que habían coincidido en nochebuena en un hostel de El Bolsón, así que enhorabuena.

Vimos una película muy interesante que recreaba una expedición galesa de los años 20 a la cima de uno de los picos locales. Y es que esta zona de la cordillera se caracteriza por las columnas graníticas de más de 3000 metros sobre el nivel del mar que se alzan hacia el cielo desafiantes, entre ellas dos de las más conocidas entre los escaladores por su dificultad son el Cerro Torre y el Cerro Fitz Roy.

Caminamos hacia el Mirador de las Águilas desde donde se disfruta de una fantástica vista de la estepa patagónica, limitada a su izquierda por escarpados cerros y a su derecha por el enorme Lago Viedma con sus aguas turquesas de origen glaciar. Pero no avistamos ningún águila.

Luego fuimos al cercano Mirador de los Cóndores desde donde disfrutamos del vuelo sobre nuestas cabezas de 2 de estas aves imponentes, con una hermosa vista del valle de El chaltén.


El Domingo amaneció bastante despejado. Nuestro objetivo: llegar a la Laguna de los Tres, al pie del Fitz Roy. Salimos pasadas las 9:30 y tras algo más de una hora de camino llegamos a un mirador desde donde vimos que la cumbre del Fitz Roy estaba cubierta de nubes. Conocimos a Javi, un jóven de Corbera con la misma ruta, así que seguimos la marcha juntos. La última hora de subida se hace dura, no sólo por el desnivel a ganar sino por lo pedregoso e irregular del camino. Aunque al llegar arriba la visión de la laguna con los cerros y glaciares a su espalda recompensa. Permanecimos largo rato esperando que las nubes se despejaran y nos permitieran ver la cima del Fitz Roy, y casi lo logramos.



En el camino de vuelta desde el mirador por fin pudimos ver despejada la cumbre, que acariciada por el sol, lucía sus vetas marrones inmensa. El resto del camino tuvo algunas paradas técnicas ya que la cadera izquierda de Ana protestaba con pinchazos tras el esfuerzo. El tiempo no perdona, nos hacemos grandes, jejeje!

El segundo trekking era al Lago Torre, a pie del cerro del mismo nombre. Pero el día se levantó muy ventoso. Resultaba difícil caminar en equilibrio y la tierra llevada por el viento dificultaba la visión y nos golpeaba el rostro. Así que llegados al mirador y viendo que las espesas nubes cubrían los cerros, decidimos dar media vuelta y regresar al El Chaltén para buscar un restaurante económico en el que cenar. Y es que los precios aquí son desorbitados, hasta el doble y triple que en el norte del país.

El Martes regresamos a El Calafate despidiendo este pueblo con una linda estampa de los cerros y el Lago Viedma desde el bus. Y una corta parada en la Posada La Leona donde en su día se alojaron Billy "El Niño" y Butch Cassidy tras robar el Banco de Londres.
En El Calafate nos afanamos para gastar los últimos pesos argentinos que nos quedaban, y que mejor forma que desgustando nuestra última cena en territorio argentino, por supuesto a base de carne.