25/3/09

Cuzco 2, 03-06/03/09

Fue un placer regresar a esta linda ciudad y a nuestro cómodo hostel con vistas en el barrio de San Blas, aunque cada vez que subiéramos nos faltara el aliento.



Visitamos algunas de sus interesantes museos como el magnífico Pre-colombino o las ruinas del Coricancha o Templo del Sol, sobre el que los españoles construyeron un convento dominico. También disfrutamos de su amplia oferta gastronómica y su animada vida nocturna, incluso entre semana.






Si hacéis memoria recordaréis que Óscar compró una mochila justo antes de partir hacia Machu Picchu, pues bien, ésta no duró ni lo que dura un caramelo en la puerta de un colegio. Se rompió por 3 sitios diferentes en menos de 24 horas, todo un récord. Al ir a reclamar muy amablemente los dueños se ofrecerieron a coser los desperfectos sin costo alguno, pero claro, a nosotros no nos convencía. Entonces pedimos el dinero pagado para recuperar la inversión a la que los dueños se negaron en rotundo ofreciendo elegir cualquier otra mochila. Como no accedimos pedimos hablar con el jefe pero como era de esperar él no se encontraba allí. Estaba de viaje y casi desaparecido.
Fuimos a preguntar a la policía a ver si había alguna posibilidad de poder recuperar el dinero. Nos contestaron que sería prácticamente imposible. Luego de urgar un poco más en el asunto con los policías, ellos dijeron la palabra mágica: estafa. Con esa palabra volvimos a la tienda y conseguimos que nos devolvieran el dinero con la amenaza de denunciar por "estafa" el caso de la mochila. Eso si, se quedaron con 5 soles para coser y lavar la mochila que, por supuesto, se pondría otra vez a la venta.

El día 5 Marc nos dejó, de regreso a Barcelona. Y nosotros nos separamos del grupo al día siguiente con destino la costa pacífica. Hemos compartido un mes de viaje juntos y tenemos que decir que ha sido un verdadero placeer y un lujazo. Gracias a todos por vuestra amistad y mucha suerte en el resto de vuestas aventuras. Nos vemos en el camino.


Aguas Calientes - Machu Picchu, 28/02 - 02/03/09

Tras el largo viaje aventurero por fin estábamos en Aguas Calientes, al pie del Machu Picchu. Nos reunimos todos y bajo la lluvia fuimos a comprar los tickets para visitar la montaña sagrada. Tienen un gran negocio montado, $40 americanos para entrar y tienes 48 horas para hacerlo antes que el ticket expire. Con la entrada ya en el bolsillo nos fuimos a cenar tras regatear el precio del menú, y es que es época de lluvias o temporada baja y casi todos los locales estaban vacíos.


Había disparidad de opiniones sobre cuándo subir, ya que una vez dentro hay la posibilidad de visitar también el Wayna-Picchu, la famosa montaña que aparece al fondo en todas las fotos del Machu Picchu. Pero sólo pueden entrar 400 personas por día y se ve que los tickets se agotan a primera hora. Así que pusimos el despertador a las 5 de la mañana para subir con el primer bus de las 5:30. Pero a esa hora llovía a mares, así que nos volvimos aa dormir hasta las 7, segundo turno de los buses. El cielo estaba medio despejado y allá nos dirijimos.


Merece la pena pagar los $7 dólares del autobús de subida, ya que la cuesta es super-empinada. Enseguida llegamos y acudimos de prisa a solicitar nuestro ticket para el Wayna-Picchu. Prueba conseguida, aun iban por el 300 para entrar de las 10 a las 11. Tras este extrés por fin nos relajamos y por primera vez disfrutamos al darnos cuenta de dónde estábamos y su grandeza. Ante nuestros ojos se leventaban las impresionantes ruinas del Machu Picchu rodeadas de altas cumbres y el enignámtico bosque nuboso que a cada rato nos impedía la visión o nos refrescaba con un improvisado chaparrón.





Una guía local un tanto sosa nos acompañó explicándonos los detalles de las ruinas previo regateo de la tarifa, por supuesto. La subida al Wayna-Picchu por sus resbaladizos e interminables escalones mereció la pena, no sólo por las increíbles vistas panorámicas, sinó por las ruinas mismas que hay en él. Por cierto, Wayna-Picchu significa "montaña jóven" en Quechua y Machu Picchu es la "montaña vieja". Para nuestra fortuna no había mucha gente aquel día, lo que nos permitió admirar más íntimamente la magnitud de cada obra de arquitectura incaica.


Menos mal que llevamos provisiones, ya que aquel bocadillo de mortadela nos supo a gloria y nos dió la energía suficiente para disfrutar de esta fascinante y mística visita.


De vuelta en Aguas Calientes nos decidimos por un regreso más cómodo y rápido, aunque mucho más caro. Tomaríamos el tren hasta el pueblo de Ollantaytambo y un colectivo de allí a Cuzco. Pero como el día 2 había huelga agraria, los trenes no funcionaban así que nos dedicamos a pasear por los alrededores y zambullirnos en las aguas termales locales para esperar hasta la mañana siguiente.



23/3/09

Cuzco, 26-28/02/09

Al fin partíamos hacia Cuzco en un viaje en bus que prometía ser muy bonito hasta que nos dimos cuenta que la ruta volvía a pasar por la "magnífica" Juliaca, ciudad horrible donde las haya y además íbamos en el peor bus que debía tener esa compañía. El bus se demoró alrededor de 3 horas en llegar a Cuzco y pensábamos que nadie nos vendría a buscar a la terminal. Era la primera vez que alguien lo hacía y es que como era de la misma cadena de hostels del que habíamos estado en Arequipa, pues lo incluía. Increiblemente, Luís, un chico muy majo que regenta el hostel en el que nos íbamos a hospedar, nos estuvo esperando aún y la demora de tres horas. Se merece un monumento. No teníamos ni idea de dónde estaba el hostel y cuando descubrimos que había que subir un montón de escaleras nos vinimos abajo...Pero todo fue llegar y admirar la sorprendente vista desde la terraza del mismo que nos permitía divisar toda la ciudad, espectacular. Mereció la pena.



Y para terminar de rematar la buena suerte que habíamos tenido con el hostel, Luís nos había preparado una habitación de 6 sólo para nosotros, o sea, todo el grupo, y es que aún viajamos Anna, Laia, Marc y C.J. junto con nosotros. Bueno, a decir verdad, también estaban Alberto, su hermano y su mujer, pero ellos estaban en otra habitación...¡Menudo grupete más guapo nos habíamos juntado!



Al día siguiente nos dedicamos a descansar y pasear un poco por la ciudad. Estábamos muy cansados del viaje y no teníamos prisa por irnos de tan bella ciudad. Planificamos un poco entre todos como hacer la visita al Machu Picchu y no arruinarnos en el intento y es que aunque hay un tren desde Cuzco que te deja a tiro de piedra de las ruinas, su precio es prohibitivo: $50 ida. Otra alternativa es coger 3 autobuses y un tren, con lo que te ahorras dinero pero estás todo el santo día viajando. Pero teníamos un As guardado en la manga y éste era Alberto. Y es que Alberto, que es más listo que el hambre, encontró una agencia donde nos alquilaban una furgoneta para todos bastante bien de precio, así que la ida casi la teníamos ya en el bolsillo. La vuelta quedaba abierta pero, ¿a quién le importaba la vuelta en esos momentos? ;-) La idea era ir en furgo y volver en micro bus o en tren, ya veríamos.
Después de unos desajustes y aclaraciones con la agencia sobre precios y modos, en vez de alquilarnos sólo la furgo nos pusieron un chófer que nos llevaría lo más cerca que se puede ir por carretera al Machu Picchu, la estación Hidroeléctrica, desde donde sale un tren que por $8 acerca al turista a Aguas Calientes, al pie de las ruinas.
Genial, por el mismo precio nos ahorramos el tener que conducir por unas carreteras sin asfaltar y que además no conocemos. Así pues, ya teníamos medio de transporte para ir a ver las ruinas más famosas del Perú.
Aprovechando que en la tienda había mochilas y que la de Óscar está un poco perjudicada, compramos otra de la marca Quechua que no salió mal de precio.

El resto de la tarde y noche paseamos y disfrutamos de una magnífica ciudad colonial repleta de casonas, iglesias, parques y millones de vendedores ambulantes que, aunque aburren de la cantidad que hay y lo pesaditos que son, no le quitan encanto a la ciudad.Como teníamos que levantarnos pronto para ir a la mañana siguiente al Machu Picchu, no estuvimos mucho merodeando por la ciudad. Cenamos todos juntitos (los 9) y para el hostel.




A la mañana siguiente todos nos levatamos a las 6:30 y es que teníamos que salir a las 7 si queríamos ver de camino al Machu Picchu las ruinas de Pisaq, que también son importantes pero menos famosas, claro. Como era casi de esperar, el chófer no apareció a su hora y se demoró como una hora, así que ya íbamos tarde. La hora de salida era también importante si queríamos enlazar con el único tren que sale de Hidroeléctrica hacia Aguas Calientes, pero ya nos habíamos retrasado y no por nuestra culpa. Salimos de Cuzco a las 8 de la mañana camino de Pisaq. No tardamos mucho en llegar y es que no está tan lejos de la ciudad. Las ruinas son muy bonitas también enclavadas en lo alto de una montaña, pero como están esparcidas pues hay que caminar un buen rato si se quieren visitar todas. Dada la mala suerte de que ya íbamos retrasados no pudimos verlas todas, no obstante, estuvimos como 1,5 horas por las ruinas. Por cierto, aquí se regatea por todo y las entradas a las ruinas no fueron una excepción. Menudo cambio de impresiones que tuvimos a la hora de decidir antes de entrar...



Salimos zumbando hacia Hidroeléctrica dado que el día estaba bueno y no llovía. Casi fue pensarlo y empezar a caer agua a cántaros. La carretera de montaña no dejaba de subir, no así la niebla que se hacía dueña y señora de la carretera. Era muy difícil conducir, pero nuestro chófer lo hizo muy bien, incluso en los momentos más duros, como por ejemplo, cuando nos quedamos en medio de un riachuelo con la furgo clavada o cuando nos encontramos un árbol en medio de la carretera que se había desprendido. No fue fácil.


Bajamos la montaña y entramos en la zona de carretera de piedras y barro y de nuevo empezamos a subir y subir. La carretera daba miedo, no hay que esconderse, daba mucho miedo y más valía no mirar abajo, sobre todo cuando uno se encontraba con otro vehículo delante, ¿quién se iba a apartar hacia el lado de la cuneta? ¡Glups! El chófer lento de verdad que no iba, porque como llegábamos tarde para coger el tren y, en cierta manera, se sentiría culpable, pues el chico corría con el coche. Afortunadamente, después de 6 horas de conducción, llegamos a nuestra parada final con la furgo y todos sanos y salvos. Fue tal la alegría de dejar de una vez la furgo que hasta el sol hizo acto de presencia y dejó de llover y las nubes se escamparon. El tren estaba ya pitando conforme a su inmediata salida, así que algunos se apresuraron y otros, como nosotros, decidimos a ultimísima hora que haríamos el trayecto que faltaba hasta Aguas Calientes caminando sobre las vías del tren. Que gran y brillante idea. El sol lucía y habíamos estado sentados un sinfín de horas sobre un camino de cabras y, claro, nos apetecía un montón caminar.





Error. Nadie pensó en aquellos momentos que estábamos en época de lluvias y que el sol que lucía era un mero espejismo. Aunque cierto es que los primeros 45 minutos fueron magníficos, los restantes 1,45 minutos de caminata fueron más bien de sufrimiento bajo el agua. Damos gracias a Dios que en Cuzco compramos unos pantalones de lluvia que no hicieron mal su función. No obstante el diluvio que nos cayó a todos, la caminata nadie la hubiese cambiado. Es magnífica y no hay otra manera mejor de llegar al pueblo que haciendo esa ruta andando, aunque llueva. Lo repetiríamos. Celebramos a lo grande entre todos nuestra gesta conjunta de llegar sanos y salvos, aunque mojados, a tan bello paraje y remoto donde los haya.

El hermano de Alberto con su mujer habían cogido el tren así que se ahorraron todo el calvario y, de paso, habían hecho ya la reserva para nosotros en lo que al hospedaje se refiere.

22/3/09

Arequipa, 23-26/02/09

De Puno partimos hacia Arequipa, y lastimosamente tuvimos que pasar por Juliaca, la capital de provincia más derruida y enfangada que jamás hayamos visto con aeropuerto incluído.



Pero hablemos de Arequipa, ciudad famosa por sus hermosos edificios coloniales construidos en sillar o piedra volcánica blanca. No obstante, está rodeada por 5 volcanes, algunos de ellos aún activos. Queríamos visitar el Cañón del Colca, el segundo más profundo del mundo, que se haya a corta distancia, pero el mal estado de las carreteras y la abundancia de nieblas y lluvias nos hizo desistir. En otra ocasión será. Nos conformamos con explorar esta preciosa ciudad y disfrutar de su gastronomía y también de su animada vida nocturna. Aunque lo más sorprendente fue encontrar el menú más económico hasta ahora: 3 soles (0,75€), eso si, no hay quien se libre de la sopa de primero.


Pasear por la ciudad es descubrir preciosos edificios y casonas históricas a cada paso, como la Casa del Moral con su fantástica colección de muebles de época o el famoso Convento de Santa Catalina, abierto casi en su totalidad hoy al público, donde se pueden visitar las celdas y antiguas cocinas de las monjas de clausura que lo habitaban. Posee una de las catedrales más grandes de latinoamérica situada en su señorial plaza de armas. Lástima que los peruanos tengan la costumbre de usar el cláxon para cualquier maniobra, provocándote un inevitable dolor de cabeza al final del día.



Nos alojamos en el muy recomendable hostel "Home sweet home", gracias a que nuestro amigo y compañero de viaje Alberto lo descubrió primero y gracias a él también recordamos viejos juegos de adolescentes cerveceros, acabando la noche más larga con un espontáneo partido de fútbol callejero, con una botella de plástico como balón. ¡Estamos hechos unos chavales!

Lamentablemente, no tenemos la impresionante foto de Arequipa con el volcán Misti de más de 5000 metros de altura al fondo, ya que tímidamente alcanzamos a ver su silueta en último día desde la terminal de buses.

Puno, 22/02/09

Entramos en Perú por la ruta que bordea el lago Titicaca hasta llegar a Puno, en su orilla oeste. Desde allí fuimos a visitar las islas flotantes de los Uros, tribu nómada que vivía en barcos hechos de caña de totora, y actualmente en islas fabricadas del mismo material.


Es increible la cantidad de usos que le dan a esta planta acuática. Con su raíz construyen la base de sus islas y con sus tallos desde el suelo de las mismas a sus casas y embarcaciones, siendo así mismo una fuente de alimento, y la verdad es que, tras probarla, no está nada mal.




De vuelta a tierra firme comprobamos que los restaurantes en Perú están bastante más preparados para el turismo, en cuanto a servicio se refiere. Óscar volvió a sonreir una vez traspasó la puerta del restaurante y comprobó que habían copas de vino de cristal. Y también comprobamos que aquí en vez de guerras de globos de agua para carnaval, hacen guerras de espuma, bastante más pringosas, aunque pudimos esquivarlas.

Puno fue una corta parada en nuestro camino hacia el siguiente destino: Arequipa. Y por cierto, el peor hostel de largo en el que hemos dormido.

21/3/09

Adiós Bolivia, 22/02/09

Más pronto de lo deseado abandonamos Bolivia con un sentimiento de rabia por no haber podido visitar una de las partes más ricas y bonitas del país. Y es que la epidemia de Dengue que asola la zona de Santa Cruz nos ha hecho cambiar los planes y "saltarnos" la región. No obstante, hemos cruzado buena parte del país, a veces con más pena que gloria, gracias a unas infraestructuras deficientes, así como al servicio prestado por las compañías de transporte. Aún y con estas dificultades, éste ha sido el país más auténtico que hemos visitado y con la gente más arraigada a su tierra e historia que hasta el momento hemos visto. Aquí las gentes no se visten de "cholita" para gustar a los turistas, ellas visten así desde hace siglos y por lo que parece seguirán así por muchos más.


La higiene personal es una tarea pendiente de los bolivianos de a pie, pero ésto no significa que los hostales así como las calles no estuvieran más o menos limpias. La educación, por otra parte, sigue creciendo y las campañas institucionales para la alfabetización de la población parece estar tomando forma. Pero sin duda, queda un largo trecho por recorrer, y es que Bolivia fue el último país sudamericano en independizarse de España, y eso, se nota.


Lo que más nos ha impresionado es que después de tantos años de dominio español, el quechua siga siendo el idioma principal para los bolivianos. Eso dice mucho de ellos, de lo que quieren y respetan a su historia. Será por ese motivo o por otro, al interactuar con bolivianos uno tiende a pensar que no le entienden, y es que cuando uno pregunta cualquier cosa el tiempo de reacción es muy largo y parece que se hable un idioma muy diferente al español de boliva. Todo es una cuestión de paciencia.


A nivel natural, Bolivia es impresionante. Las montañas no bajan de los 3000 metros y uno tiene la sensación de estar siempre a la altura de los pirineos. Los colores de las montañas le dejan a uno boquiabierto, así como la dimensión de los torrentes. Y hablando de agua, no se puede saltar por alto la magnitud del Titicaca: el lago de los lagos donde la cultura Inca nació. Tampoco se puede pasar por alto la gastronomía, no hemos comido mal, pero uno se harta de sopas de todos los colores y sabores. Al estar tan alto sobre el nivel del mar uno necesita calorias y, claro, una sopa boliviana otra cosa no, pero calorías ya lo creo que las tiene. Lo que si es para olvidar es la cerveza, por no hablar de los vinos, y es que son tan suaves e insípidas que más vale no tomarlas. Pero para ridículo total, los precios. Todo tiene un precio irrisorio en comparación con el Euro. En este sentido un europeo sale muy beneficiado y se puede permitir todo tipo de lujos, aunque en nuestro viaje no fuera el caso.


Las ciudades coloniales son de una belleza tal que uno haría fotografías hasta de los marcos de puertas y ventanas. El legado español en ese sentido fue muy rico, no así todo el oro y plata que expolió del cerro Rico de Potosí. Las dos capitales del país, La Paz y Sucre, son dos ejemplos dispares de construcción arquitectónica. Mientras que La Paz fue construida aleatoriamente subiendo por las laderas del valle donde se encuentra dando un espectáculo dantesco de desorganización y pobreza, Sucre supo mantener la belleza de sus edificios, plazas y monumentos cuidando al detalle la visión de ciudad colonial pero moderna, donde pasear es todo un placer.


Todo el que ha estado de viaje por sudamérica y pasa por Bolivia dice que éste es el país más auténtico, y ahora sabemos el por qué.

Isla del Sol, 20-21/02/09

Dicho y hecho, y menos mal que no llovió. Desembarcamos en el norte de la isla, en Cha´llapampa, donde visitamos unas ruinas preincaicas y nos contaron la importancia del lago Titicaca para los incas, ya que creían que el primer inca salió del lago creado por el dios Sol y la diosa Luna. Es ésta una de las zonas más auténticas de las que visitamos, y es que aunque reciban muchos turistas, los locales siguen dedicándose a la agricultura más tradicional, conservando su lennguaje y costumbres. Cruzamos la isla a pie hasta Yumani en el sur, por un camino con preciosas vistas sobre la orografía isleña y el lago.



Cenamos en un sitio donde el camarero y dueño tenía algunos problemas para entender nuestras preguntas y peticiones, no obstante la dificultad era mútua. Tuvimos que esperar de lo lindo pero por lo menos todo estaba muy rico. Disfrutamos de una preciosa puesta de sol hacia un lado desde lo más alto de la isla, y de la visión de la Isla de la Luna y la Cordillera Real hacia el otro.



La mañana siguiente exploramos el sur de la isla, con el Templo del Sol y la escalera del Inca, y tras un sabroso menú por sólo 10 bolivianos, tomamos el barco de regreso a Copacabana.


Aquella noche salimos todos juntos a tomar unas cervezas y despedirnos de Bolivia, ya que habíamos comprado nuestro boleto de bus a Puno, en Perú, para el día siguiente.