25/2/09

Potosí, 9-11/02/09

Salimos de Uyuni a las 10 de la mañana dirección Potosí. Como habíamos hecho buenas migas con los chicos catalanes, decidimos que iríamos juntos a Potosí. El autobús nos sorprendió gratamente, supongo que lo esperábamos más viejo y sucio. Al igual que el resto de Bolivia, el viaje fue muy auténtico. Rodeados de señoras vestidas con el traje típico de "cholita", atravesamos el altiplano por sus carreteras de tierra zigzagueantes, desafiando desniveles y barrancos que quitaban la respiración. Tuvimos un pequeño percance con la dirección del bus, perdimos un tornillo, con lo que el viaje se alargó algo más de dos horas al tener que circular bastante más lento.


Al no tener baño a bordo, cada parada técnica era una buena excusa para salir a orinar. Las más antiguas del lugar no tenían reparo alguno en hacerlo delante del bus siendo observada por todo aquel que echara un ojo por la ventana. El viaje se hizo bastante largo, aunque el paisaje fue impresionante, cerros, cañones y verdes llanuras salpicadas de casas de adobe, llamas pastando y escasos indígenas habitantes del lugar. Por fin a las 17:30 llegamos a la ciudad colonial de Potosí, encontrando enseguida un buen hostel donde hospedarnos.


Potosí fue la ciudad más rica y poblada del mundo durante el siglo XVI, debido a la explotación de las minas de plata encontradas en el llamado Cerro Rico, a la espalda de la ciudad. Es por ello que la corona española construyó lujosos edificios durante aquella época de esplendor, aunque la mayoría de la plata se exportara al viejo continente. Fueron los colonizadores españoles los que esclavizaron a gran número de indígenas y africanos a los que obligaron a trabajar en turnos de meses en estas minas, llegando a morir 8 millones de personas en ellas; lo que equivale a número total de habitantes actuales de Bolivia.
Estas minas aún representan el medio de vida de gran parte de su población, que continúa explotándolos de forma manual y arcaica, con pocos cambios a cómo se hacía en el siglo XVI y organizados en cooperativas.


Visitamos la mina La Negra, tras enfundarnos en nuestros trajes impermeables, nuestras botas de agua y nuestro casco, y por supuesto tras comprar algunos regalos para los mineros, entre ellos dinamita, refrescos, tabaco y hoja de coca. Al llegar al pie de la mina dudamos por un instante si seguir o darnos media vuelta y desistir. Y menos mal que entramos, ya que resultó una visita muy interesante aunque dura. Ver enfrente tuyo las condiciones de trabajo de estas personas te remueve algo por dentro. Picar, cargar, y mover el mineral desde su origen hasta el exterior, empujando esos vagones de 1 tonelada de peso manualmente a través de estrechos, oscuros y húmedos pasadizos, llenos de polvo, donde el aire se hace pesado de respirar y laa temperatura te agota rápidamente, es difícil de imaginar desde fuera. Aunque lo peor probablemente sea deslizarse arriba y abajo manualmente por los angostos agujeros verticales excavados para alcanzar el mineral y que pueden medir hasta 30 metros.


No obstante también pudimos ver plata en su forma natural y compartir algún descanso con ellos en los que nos explicaron la situación de la minería y llevamos a cabo alguno de sus ritos, como las ofrendas al Tió, demonio o rey del subsuelo, como lo queráis llamar. Una experiencia dura pero muy educativa, no sólo en cuanto a minería se refiere, sino también en las reflexiones posteriores sobre la vida.

Potosí tiene gran oferta de cafés y restaurantes a precios asequibles, por lo que decidimos comer fuera y probar así también la cocina local.

Otra visita muy interesante es la Casa de la Moneda. Construida por los españoles en el siglo XVI para acuñar las monedas de plata que viajarían a España, fue utilizada tras la independencia de Bolivia para acuñar sus primmeras monedas como república, hasta que cerró su producción en el siglo XVIII. Actualmente convertida en museo, es una preciosa y enorme casa de estilo colonial, con su patio central, y conserva las máquinas originales con las que se trataba la plata, desdelos hornos de fundición a las prensas de acuñado de moneda. Ironicamente en la actualidad las monedas bolivianas se acuñan en España y hacen el viaje a la inversa, pero sin expolio.


Nos ha gustado mucho Potosí, es una ciudad llena de vida, no sólo alrededor de su animado mercado, sinó en cada una de sus cuestas. Eso sí, sumando su situación sobre una colina, a sus más de 4000 msnm, cualquier paseo resulta un agotador ejercicio que te deja siin respiración, excepto para los más aclimatados locales que se desenvuelven con una rapidez envidiable.

Salar de Uyuni, 6-8/02/09

Salimos a las 8 de la mañana en un microbús dirección la frontera boliviana, donde haríamos el cambio de vehículo a un 4x4 y comenzaría la aventura. La aduana boliviana fue el primer impacto visual, una pequeña cabaña donde te sellaban el pasaporte sin grandes inspecciones previo pago de los 21 bolivianos obligados para entrar al país. Nos tomamos un variado desayuno antes de subir todas nuestras mochilas al coche que nos habían asignado.


Nuestro guía se llamaba Luís, bueno con el tiempo descubrimos que de guía no tenía mucho, era más bien parco en palabras, pero de buena voluntad. Nuestro grupo de 6 lo componían un Suizo de mediana edad, Alan y...¡Sorpresa! Otros 3 jóvenes catalanes: Marc, Laia y Anna. Enseguida hicimos buenas migas y así todos ya colocados en el Toyota Land Cruiser rojo comenzamos nuestro recorrido por tierras bolivianas.


La primera parada fue en la Laguna Blanca, con su perfecto reflejo de espejo. Luego la Laguna Verde, que sorprendentemente acentúa su color con el viento, situado a los pies del gran volcán Licáncabur. Seguido de una parada en las Termas de Polques donde pudimos relajarnos un rato en sus cálidas a 37ºC. Al principio quemaba un poco, pero enseguida nos aclimatamos y ya nadie quería salir. Tras otro pequeño trayecto llegamos al lugar conocido como geiser Sol de Mañana, una impresionante llanura en medio del altiplano donde la lava burbujea en diferentes piscinas naturales, llenando el lugar de humo. Éste sería el punto más alto de nuestro recorrido: 4850 msnm. Ya por último continuamos nuestro camino hacia la Laguna Colorada, cuyo color se debe a una mezcla de minerales y algas y donde pudimos admirar gran cantidad de flamencos, de hasta 3 tipos diferentes. Allí también localizaba el refugio donde pasaríamos la primera noche. Era muy básico, sin duchas ni agua corriente, sólo un bidón para desaguar el baño. Los dormitorios de 6 al menos estaban limpios y con suficientes mantas para no pasar frío, ya que la temperatura nocturna cae en picado tras el ocaso. Así que tras una curiosa cena a base de fritos, nos fuimos a dormir cansados pero aún fascinados con todos los paisajes que nuestros ojos gozaron durante el día.


El segundo día visitamos el Árbol de Piedra, curiosa formación rocosa de origen volcánico pero modelada por el viento y el agua durante siglos. Y luego seguimos la ruta de las cuatro lagunas, bellas todas ellas y llenas de fauna, sobre todo flamencos. Comimos al aire libre justo cuando el cielo se cubría de negras nubes y comenzábamos a ver los relámpagos en la distancia. Tras la comida continuamos disfrutando de la visión de la humarola del volcán Ollagüe y de camino al pueblo de San Juan, con sus casas de adobe y sus pastores de llamas. Finalmente llegamos a nuestro hostel para aquella noche. Construido con ladrillos de sal, pudimos disfrutar de una ducha de agua hirviente y de luz eléctrica, eso si, sólo a partir de las 19:00, ya que funciona con un generador y lo apagan de nuevo a las 23:00. El resto de la noche la iluminación es con velas.


Este día se hizo más duro, ya que a parte de más horas de camino, éste era mucho más abrupto. Así que dormimos profundamente, aunque no demasiado, ya que el plan era levantarnos a las 5 de la mañana con destino el Gran Salar de Uyuni. La razón del madrugón es poder disfrutar del amanecer en el salar y ver cómo esa enorme masa blanca cambia de colores con la luz. Fue precioso, y el salar, inmenso. Nos sentimos muy pequeñitos en medio de esa gran superficie salada, no obstante es el mayor del mundo con sus 120km de largo por 80km de ancho. Dicen que desde ese lugar es posible divisar la curvatura de la tierra y lo cierto es que con la cámara digital no se acertaba a cuadrar el horizonte con una linea recta, alucinante.

Paramos en la Isla del Pescado para desayunar. Ésta es una curiosa formación en medio del salar, formada hace millones de años cuando el agua del mar que cubría el actual salar se evaporó dejando esta montaña de origen volcánico emergiendo de su blancura. Y sorprendentemente a parte de gran cantidad de cáctus también viven vizcachas o liebres andinas. Continuamos nuestro camino hacia el pueblo de Uyuni, parando para visitar el primer hotel de sal que se construyó dentro del salar, hoy sólo usado como museo y tienda de artesanía, ya que actualmente el salar es zona protegida y está prohibido construir en él. Tras una breve parada en el pueblo de Colchani, llegamos a Uyuni, donde visitamos el cementerio de trenes, lleno de antiguas locomotoras a vapor y carbón junto con sus vagones. Y es que Uyuni recibió la primera linea de ferrocarril de sudamérica, con el objetivo de transportar las materias obtenidas en sus numerosas minas. Lástima que se encuentren bajo las inclemencias de la meteorología y rodeadas de gran cantidad de basura.

Dado por finalizado el maravilloso tour de tres días, buscamos hostel en Uyuni para descansar el resto del día y planear nuestra siguiente parada: Potosí.

15/2/09

Adiós Chile , 6/02/2009

Parece que fue ayer, pero hemos estado un mes completo, y un poco más, por tierras chilenas y casi sin darnos cuenta. Eso es signo de que nos lo hemos pasado bien...

En este país tan estrecho que si pisas un poco al oeste te mojas el pie en el pacífico y por el este cruzas a Argentina, hemos visto también unos contrastes climáticos importantes. Y es que este país es aún más largo que Argentina provocando que el norte sea muy árido y el sur extremadamente frío.

Hemos navegado por los canales patagónicos completamente vírgenes sin señales de humanidad por ningún lado, exceptuando unos pocos enclaves muy concretos, disfrutado de numerosos parques nacionales con una naturaleza y estado de conservación muy bueno, vuelto al pasado en la Isla de Chiloé, visto y estado muy cerca de volcanes activos, visitado viñedos y probado sus vinos, estado en la gran ciudad de Santiago, alucinado con la observación astronómica hasta llegar al desierto de Atacama. Este país da para mucho siendo su capital lo más parecido a una ciudad europea. Uno se siente a gusto allí donde va, siendo tratado de igual a igual y con una profunda sensación de seguridad proporcionada por la mejor policía de toda sudamérica, al menos, la más honesta, ya que Chile es uno de los países más desarrollados de toda sudamérica y donde menos se notan las desigualdades sociales, no por ello exentas. Éste es un país minero riquísimo en yacimientos de cobre que aporta un porcentaje brutal a la economía nacional, pero quizas peligroso para vivir ya que existen centerares de volcanes activos y está situada encima de la placa tectónica americana, con lo cual, cada poco se producen terremotos.


Sus gentes son amables y gentiles, pero cuesta un poco entablar conversación, nada que ver con los argentinos, claro. Pero si se insiste un poco se puede disfrutar de una agradable y larga conversación tratando temas tan especiales como el de las tribus indígenas que aún habitan el país. La cultura Mapuche es muy antigua y llena de vida en la actualidad, todos ellos orgullosos de pertenecer a la tribu. Éstos también lucharon contra los españoles en la época de la colonización siendo unos brutales pero valientes guerreros que a día de hoy aún mantienen su identidad pero de un modo pacífico. Uno puede apreciar como los rasgos faciales van cambiando según uno va subiendo de sur a norte.


El transporte público es muy eficiente puediendo llegar a todas partes en él siendo el servicio de rural una excelente herramienta para todo los lugareños no importando lo lejos que se viva. La calidad es buena y el precio adecuado. En Chile no hay inflación y uno siente que paga siempre un precio justo no importa si es un billete de autobús o un almuerzo. Sin duda, todo más barato que en Argentina.

Como os podréis imaginar hemos hecho miles de fotografías y algunas de ellas están publicadas en Internet. Si queréis darle un vistazo clickar aquí: Galería de fotos.

San Pedro de Atacama, 4-6/02/2009

Dejamos un pueblo pequeñito para dirijirnos a otro minúsculo y 99% dedicado al turismo: San Pedro de Atacama. Éste está situado en el norte del país y es paso fronterizo con Bolivia.

El viaje se hizo muy largo y, desgraciadamente, no pudimos elegir asiento y nos tocó al lado del baño, atrás del todo del autobús (es lo que tiene no reservar). Nuestro autobús se dirigía a Calama, cerca de nuestro destino, pero nos obligaba a buscar un enlace para llegar a San Pedro. Calama es una ciudad grande con todos los servicios, incluido un centro comercial que aquí los llaman Mall.
Hubo algunos paisajes interesantes durante el trayecto, se podía divisar la costa pacífica rompiendo sus olas contra las rocas y, justo antes de llegar a Calama, ya en puro desierto de Atacama, se divisaban grandes explanadas de desierto y explotaciones mineras.
Una vez llegamos a Calama pensamos que sería una buena idea intentar alquilar un coche y movernos a nuestro aire, para así no tener que contratar todas las excursiones. Nuestro gozo en un pozo. ¡Menudos precios! Compramos los billetes de autobús y listo.

De camino pudimos disfrutar de la magnitud de la nada, o sea, el puro desierto y, eso sí, unas carreteras de ensueño para estar donde estaban, en medio de la nada. Cuando uno llega a San Pedro de Atacama se da cuenta de que algo ha cambiado y que ya no está en una ciudad, ni siquiera en un pueblo pequeñito. Calles de tierra, casas de adobe con techos de paja, solo coches 4x4, agencias de viaje por doquier y unos precios dignos de la Barcelon más "cool".


Nos dirigimos a nuestro hostel para dejar las mochilas y tomar un poco de aliento ya que el contraste visual es grande comparado con lo que hasta el momento habíamos visto. La casa era preciosa con una zona comunitaria que incluía un kiosco, una hamaca, un árbol y la zona de la cocina-comedor. En esta ocasión habíamos reservado ya que nos habíamos informado de los precios y no queríamos acabar pagando un hostel cutre a precio de 5 estrellas. La señora de la casa se ve que no acepta reservas, incluso si has requeteconfirmado que vas. No obstante, la mujer tenía una habitación doble disponible que nos ofreció al precio pactado en los mails, muy maja.


Esa misma tarde paseamos por el pueblo para confirmar lo que vimos al llegar con el bus. Hay un 10% de habitantes y un 90% de turistas de todas las nacionalidades. Los turistas van allí porque hay mucho que ver en los alrededores, y es que la oferta es internaminable: tours por el desierto y valles, alquiler de bicis, quads y tablas de snow preparadas para hacer "sandsurf" por las dunas, o simplemente cruzar la frontera a Bolivia.
Fuimos a unas cuantas agencias para ver lo que ofrecían, pero básicamente todos ofrecen lo mismo, sólo variando en el precio. Contratamos 3 excursiones en escasos minutos: la visita al Valle de la Luna, la visita a los Géiseres de el Tatio y el tour a Uyuni.


Primero hicimos la visita a los géiseres, que sin duda es la gran atracción local, y que casi nadie se va de ahí sin hacerla. El tour se iniciaba a las 4 de la madrugada, y es que lo más importante era llegar allí antes de que el sol saliera. El motivo es que para ver y disfrutar de la impresionante demostración de fuerza de los géiseres, se necesita un contraste de temperatura alto, con lo cual, no es lo mismo verlos a las 7 de la mañana a -2ºC que a las 12 del mediodía a pleno sol. Y el madrugón valió la pena. El campo de géiseres es enorme y la fuerza con la que algunos disparan el agua y el vapor hacia arriba es espectacular. El campo se encuentra a 4320 msnm, siendo el más alto del mundo, y es por ello que el agua hierve a tan sólo 85ºC, emergiendo a más de 10 metros de altura. Tomamos un energético y merecido desayuno que incluía huevos duros recién hechos en el lugar, gracias la temperatura de las aguas. Además, en el mismo campo geotérmico habían instalado casi naturalmente una piscina termal en la cual la gente podía bañarse a una temperatura bastante buena. Como no podía ser de otra manera Ana se dió un chapuzón ;-)


Una vez salió el sol y todos se dieron un baño, el tour volvía a San Pedro por otra ruta para así poder visitar también una pequeña laguna con algunos flamencos así como una aldea de unos 6 habitantes llamada Machuca, en la que sus gentes se dedicaban al pastoreo de llamas y a ofrecer a los turístas unos pinchitos de tan deliciosa carne.
Ya de regreso tuvimos el tiempo justo para preparar la comida y descansar un poquito porque a las 4 de la tarde se iniciaba el otro tour, el del Valle de la Luna.


Éste comenzó primero dirigiéndonos hacia un mirador donde las vistas no podían ser más espectaculares. Se apreciaba el propio valle así como el desierto y el pueblo, todo en uno. Allí recibimos una vasta explicación sobre la formación del lugar geológicamente hablando, así como el detalle de que San Pedro de Atacama queda fuera de los límites del desierto más árido del mundo que lleva su nombre: el desierto de Atacama.


Después nos dirigimos al Valle de la Muerte, un cañón impresionante donde se puede disfrutar de unas vistas estupendas y de su historia, ya que parte de ese cañón fue excabado artificialmente para transportar mercancías.


Después de un minitrekking por el cañón, fuimos directamente al Valle de la Luna, llamado así no por su aspecto lunar, sinó porque la gente va allí a admirar la luna. Había algunas formaciones curiosas, pero lo más impactante fue que las paredes de los cañones por los que paseamos crujían como una galleta y uno tenía la sensación de que se iban a caer encima. A última hora del día nos dirigimos a la Duna Grande para observar la puesta de sol. Supuestamente era la gran atracción del tour, pero no fue más que una decepción. La masificación fue terrible y mirando hacia la puesta de sol no se veía nada, todo eran sombras, aunque si le dabas la espalda se podía admirar parte del Valle con unos colores rojizos mucho más bonitos que la Gran Duna oscura.


Una vez finalizados los 2 tours estábamos muy cansados,como era de esperar, así que cenamos y nos fuimos a dormir. Y es que al día siguiente emprenderíamos uno de los grandes tours que queríamos hacer por tierras sudamericanas: cruzar la frontera chilena hacia Bolivia pasando por el inmenso Salar de Uyuni en un trayecto de 4 días en 4x4.

Vicuña, 31/01-03/02/2009

Nos dirijimos hacia el norte en el primer bus de la mañana, hasta la ciudad de La Serena, donde enlazaremos con el transporte local para llegar a Vicuña, capital del Valle del Elqui. Dejamos nuestro agradable hostel de Valparaiso, donde anoche tuvimos una animada charla con el hijo de la dueña y dos de sus amigas, incluyendo una mini demostración del baile tradicional chileno: la Cueca.

El Valle del Elqui es famoso por dos cosas: el Pisco y los observatorios astronómicos. Así que nuestro objectivo era conocer ambos. Llegamos a Vicuña pasada la media tarde y empezamos a buscar alojamiento. Los dos primeros en que preguntamos nos pedían 25000 pesos por noche, cuando habíamos estado durmiendo por 14000 en una doble. Y menos mal que insistimos en la búsqueda. Encontramos un residencial dispuesto alrededor de un jardín central con árboles, mesas y hamacas donde una doble nos valía sólo 10000. Y fue una gran elección porque además de poder hacer la colada a mano, el Domingo nos pudimos relajar de lo lindo en una de las hamacas. Además era el festival del pueblo, así que disfrutamos de un poco de música nacional en directo y gratis.


El Lunes fuimos a visitar la planta de la cooperativa pisquera de Capel, uno de los Piscos más vendidos de Chile. En un tour guiado relámpago de 20 minutos nos explicaron el proceso de elaboración y nos mostraron todos los productos que tienen en el mercado, desde el clásico licor a las nuevas cremas y combinados ya listos para tomar. Así que nos compramos una pequeña botella del clásico combinado de Pisco Sour de limón para la noche.


Aquella misma tarde fuimos al observatorio astronómico de Mamalluca, cercano a Vicuña, fue el primero de la zona aunque ahora sólo se use para tour turísticos debido a su pequeño tamaño y poca especialización. Actualmente en esta zona hay varios observatorios científicos, ya que los cielos cumplen unas de las mejores condiciones meteorológicas para la observación de los astros.


El observatorio toma el nombre de uno de los cerros cercanos, el Mamalluca que en lenguaje nativo significa "madre que protege" y se cree que en ese mismo punto hubo un asentamiento indígena que lo eligió precisamente por su buena localización para la observación estelar.
Vimos la luna en cuarto creciente y el sol antes del ocaso a través de telescopios de 60cm de diámetro.
Luego una exposición sobre el pasado, presente y futuro de las galaxias y de algunas estrellas como el Sol. Y tras el anochecer lo mejor, la observación de la Vía Láctea y sus constelaciones, entre ellas la Cruz del Sur y Orión. También pudimos ver otras dos galaxias que no pueden ser vistas desde el hemisferio norte, las galaxias Grande y Pequeña de Magallanes.


Como nuestra guía, una enamorada de la astronomía, se alargaba mucho, el autobusero nos devolvió a la dura realidad, ya era hora de irse, pues dependíamos de él para volver a Vicuña. Una lástima porque no pudimos acabar la observación en su totalidad, aunque todo lo que vimos nos fascinó.

Valparaiso y Viña de Mar, 27-30/01/2009

Tiene razón cuando dicen que Valparaiso es una ciudad única en sudámerica. Construida entre en el mar y numerosas colinas, esta ciudad caótica y colorida es el resultado de la gran expansión que sufrió durante los años en que fue el mayor puerto mercante del continente. Su centro económico se situa en la única franja estrecha y llana, antes de alcanzar los cerros. Allí la vida fluye a toda velocidad, no sólo la gente que corre de un lado a otro, sinó también el tráfico abundante y ruidoso que discurre por sus carreteras como en un rally, adelantando por donde pueden y usando el cláxon por doquier. También ahí se situan las plazas donde se ponen los puestos artesanales y los mercados ambulantes de fruta y verdura.


Nuestro hostel está situado en el cerro Alegre, que junto con el cerro Concepción, fueron declarados patrimonio de la humanidad por la Unesco en 2003. Menos mal que está bastante cercano a la plaza Sotomayor y no hay que subir muchas escalares, ya que a partir de ahí las cuestas empinadas y los escalones se suceden en un agotador paseo.

Existen 15 ascensores repartidos por la ciudad que facilitan la subida y bajada a algunos de éstos cerros, aunque hay que tener claro que aún así habrá que caminar bastante si se quieren explorar los callejones de coloridas casas y ruinosos edificios que se mezclan sin orden por doquier.


Nada más llegar, el vertiginoso viaje cruzando la ciudad desde la terminal hasta el hostel, fue suficiente para acelerar nuestro pulso hasta ritmos frenéticos, y es que aquello se movía en bandazos de derecha a izquierda, acelerones y frenazos bruscos. Así que nos sentimos muy aliviados cuando el conductor nos señaló que habíamos llegado a nuestra parada.

Fuimos a cenar a un restaurante del barrio Portuario, un barrio "difícil" como dicen los lugareños. Éste es el casco histórico de Valparaiso que está bastante ruinoso y es una de sus zonas más desfavorecidas, aunque toda la ciudad en sí tenga uno de los índices de desempleo y pobreza más altos de Chile. Para cenar, marisquitos y pescados regados con un blanco nacional.


El día siguiente lo dedicamos a callejear por los céntricos cerros y plazas, certificando que el sobrenombre lugareño de "Valparasucio" es tristemente bastante cierto. Y es que aunque las guías de viajes se empeñen en encontrarle un espíritu, a nosotros nos costó bastante apreciar su pequeño encanto multicolor.

Aprovechamos también para enviar una reclamación al servicio de Aviación Civíl de España, para que intercedan en nuestra reclamación contra Aircomet, ya que tras 2,5 meses aún no hemos tenido ninguna respuesta y vemos cómo nuestra compensación económica se aleja ahora que más falta nos hace, ¡Que aún tenemos que volver!

La siguiente tarde paseamos por la vecina Viña del Mar. No teniendo tampoco un excesivo encanto, ya que se trata del típico litoral playero salpicado de rascacielos de apartamentos estilo Benidorm, al menos está muy limpia, llena de amplias aceras y jardines para pasear y con unos cuantos edificios palaciegos bien conservados. Lo mejor, el mega-helado artesanal que degustamos a la vuelta.