15/2/09

San Pedro de Atacama, 4-6/02/2009

Dejamos un pueblo pequeñito para dirijirnos a otro minúsculo y 99% dedicado al turismo: San Pedro de Atacama. Éste está situado en el norte del país y es paso fronterizo con Bolivia.

El viaje se hizo muy largo y, desgraciadamente, no pudimos elegir asiento y nos tocó al lado del baño, atrás del todo del autobús (es lo que tiene no reservar). Nuestro autobús se dirigía a Calama, cerca de nuestro destino, pero nos obligaba a buscar un enlace para llegar a San Pedro. Calama es una ciudad grande con todos los servicios, incluido un centro comercial que aquí los llaman Mall.
Hubo algunos paisajes interesantes durante el trayecto, se podía divisar la costa pacífica rompiendo sus olas contra las rocas y, justo antes de llegar a Calama, ya en puro desierto de Atacama, se divisaban grandes explanadas de desierto y explotaciones mineras.
Una vez llegamos a Calama pensamos que sería una buena idea intentar alquilar un coche y movernos a nuestro aire, para así no tener que contratar todas las excursiones. Nuestro gozo en un pozo. ¡Menudos precios! Compramos los billetes de autobús y listo.

De camino pudimos disfrutar de la magnitud de la nada, o sea, el puro desierto y, eso sí, unas carreteras de ensueño para estar donde estaban, en medio de la nada. Cuando uno llega a San Pedro de Atacama se da cuenta de que algo ha cambiado y que ya no está en una ciudad, ni siquiera en un pueblo pequeñito. Calles de tierra, casas de adobe con techos de paja, solo coches 4x4, agencias de viaje por doquier y unos precios dignos de la Barcelon más "cool".


Nos dirigimos a nuestro hostel para dejar las mochilas y tomar un poco de aliento ya que el contraste visual es grande comparado con lo que hasta el momento habíamos visto. La casa era preciosa con una zona comunitaria que incluía un kiosco, una hamaca, un árbol y la zona de la cocina-comedor. En esta ocasión habíamos reservado ya que nos habíamos informado de los precios y no queríamos acabar pagando un hostel cutre a precio de 5 estrellas. La señora de la casa se ve que no acepta reservas, incluso si has requeteconfirmado que vas. No obstante, la mujer tenía una habitación doble disponible que nos ofreció al precio pactado en los mails, muy maja.


Esa misma tarde paseamos por el pueblo para confirmar lo que vimos al llegar con el bus. Hay un 10% de habitantes y un 90% de turistas de todas las nacionalidades. Los turistas van allí porque hay mucho que ver en los alrededores, y es que la oferta es internaminable: tours por el desierto y valles, alquiler de bicis, quads y tablas de snow preparadas para hacer "sandsurf" por las dunas, o simplemente cruzar la frontera a Bolivia.
Fuimos a unas cuantas agencias para ver lo que ofrecían, pero básicamente todos ofrecen lo mismo, sólo variando en el precio. Contratamos 3 excursiones en escasos minutos: la visita al Valle de la Luna, la visita a los Géiseres de el Tatio y el tour a Uyuni.


Primero hicimos la visita a los géiseres, que sin duda es la gran atracción local, y que casi nadie se va de ahí sin hacerla. El tour se iniciaba a las 4 de la madrugada, y es que lo más importante era llegar allí antes de que el sol saliera. El motivo es que para ver y disfrutar de la impresionante demostración de fuerza de los géiseres, se necesita un contraste de temperatura alto, con lo cual, no es lo mismo verlos a las 7 de la mañana a -2ºC que a las 12 del mediodía a pleno sol. Y el madrugón valió la pena. El campo de géiseres es enorme y la fuerza con la que algunos disparan el agua y el vapor hacia arriba es espectacular. El campo se encuentra a 4320 msnm, siendo el más alto del mundo, y es por ello que el agua hierve a tan sólo 85ºC, emergiendo a más de 10 metros de altura. Tomamos un energético y merecido desayuno que incluía huevos duros recién hechos en el lugar, gracias la temperatura de las aguas. Además, en el mismo campo geotérmico habían instalado casi naturalmente una piscina termal en la cual la gente podía bañarse a una temperatura bastante buena. Como no podía ser de otra manera Ana se dió un chapuzón ;-)


Una vez salió el sol y todos se dieron un baño, el tour volvía a San Pedro por otra ruta para así poder visitar también una pequeña laguna con algunos flamencos así como una aldea de unos 6 habitantes llamada Machuca, en la que sus gentes se dedicaban al pastoreo de llamas y a ofrecer a los turístas unos pinchitos de tan deliciosa carne.
Ya de regreso tuvimos el tiempo justo para preparar la comida y descansar un poquito porque a las 4 de la tarde se iniciaba el otro tour, el del Valle de la Luna.


Éste comenzó primero dirigiéndonos hacia un mirador donde las vistas no podían ser más espectaculares. Se apreciaba el propio valle así como el desierto y el pueblo, todo en uno. Allí recibimos una vasta explicación sobre la formación del lugar geológicamente hablando, así como el detalle de que San Pedro de Atacama queda fuera de los límites del desierto más árido del mundo que lleva su nombre: el desierto de Atacama.


Después nos dirigimos al Valle de la Muerte, un cañón impresionante donde se puede disfrutar de unas vistas estupendas y de su historia, ya que parte de ese cañón fue excabado artificialmente para transportar mercancías.


Después de un minitrekking por el cañón, fuimos directamente al Valle de la Luna, llamado así no por su aspecto lunar, sinó porque la gente va allí a admirar la luna. Había algunas formaciones curiosas, pero lo más impactante fue que las paredes de los cañones por los que paseamos crujían como una galleta y uno tenía la sensación de que se iban a caer encima. A última hora del día nos dirigimos a la Duna Grande para observar la puesta de sol. Supuestamente era la gran atracción del tour, pero no fue más que una decepción. La masificación fue terrible y mirando hacia la puesta de sol no se veía nada, todo eran sombras, aunque si le dabas la espalda se podía admirar parte del Valle con unos colores rojizos mucho más bonitos que la Gran Duna oscura.


Una vez finalizados los 2 tours estábamos muy cansados,como era de esperar, así que cenamos y nos fuimos a dormir. Y es que al día siguiente emprenderíamos uno de los grandes tours que queríamos hacer por tierras sudamericanas: cruzar la frontera chilena hacia Bolivia pasando por el inmenso Salar de Uyuni en un trayecto de 4 días en 4x4.

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