15/2/09

Valparaiso y Viña de Mar, 27-30/01/2009

Tiene razón cuando dicen que Valparaiso es una ciudad única en sudámerica. Construida entre en el mar y numerosas colinas, esta ciudad caótica y colorida es el resultado de la gran expansión que sufrió durante los años en que fue el mayor puerto mercante del continente. Su centro económico se situa en la única franja estrecha y llana, antes de alcanzar los cerros. Allí la vida fluye a toda velocidad, no sólo la gente que corre de un lado a otro, sinó también el tráfico abundante y ruidoso que discurre por sus carreteras como en un rally, adelantando por donde pueden y usando el cláxon por doquier. También ahí se situan las plazas donde se ponen los puestos artesanales y los mercados ambulantes de fruta y verdura.


Nuestro hostel está situado en el cerro Alegre, que junto con el cerro Concepción, fueron declarados patrimonio de la humanidad por la Unesco en 2003. Menos mal que está bastante cercano a la plaza Sotomayor y no hay que subir muchas escalares, ya que a partir de ahí las cuestas empinadas y los escalones se suceden en un agotador paseo.

Existen 15 ascensores repartidos por la ciudad que facilitan la subida y bajada a algunos de éstos cerros, aunque hay que tener claro que aún así habrá que caminar bastante si se quieren explorar los callejones de coloridas casas y ruinosos edificios que se mezclan sin orden por doquier.


Nada más llegar, el vertiginoso viaje cruzando la ciudad desde la terminal hasta el hostel, fue suficiente para acelerar nuestro pulso hasta ritmos frenéticos, y es que aquello se movía en bandazos de derecha a izquierda, acelerones y frenazos bruscos. Así que nos sentimos muy aliviados cuando el conductor nos señaló que habíamos llegado a nuestra parada.

Fuimos a cenar a un restaurante del barrio Portuario, un barrio "difícil" como dicen los lugareños. Éste es el casco histórico de Valparaiso que está bastante ruinoso y es una de sus zonas más desfavorecidas, aunque toda la ciudad en sí tenga uno de los índices de desempleo y pobreza más altos de Chile. Para cenar, marisquitos y pescados regados con un blanco nacional.


El día siguiente lo dedicamos a callejear por los céntricos cerros y plazas, certificando que el sobrenombre lugareño de "Valparasucio" es tristemente bastante cierto. Y es que aunque las guías de viajes se empeñen en encontrarle un espíritu, a nosotros nos costó bastante apreciar su pequeño encanto multicolor.

Aprovechamos también para enviar una reclamación al servicio de Aviación Civíl de España, para que intercedan en nuestra reclamación contra Aircomet, ya que tras 2,5 meses aún no hemos tenido ninguna respuesta y vemos cómo nuestra compensación económica se aleja ahora que más falta nos hace, ¡Que aún tenemos que volver!

La siguiente tarde paseamos por la vecina Viña del Mar. No teniendo tampoco un excesivo encanto, ya que se trata del típico litoral playero salpicado de rascacielos de apartamentos estilo Benidorm, al menos está muy limpia, llena de amplias aceras y jardines para pasear y con unos cuantos edificios palaciegos bien conservados. Lo mejor, el mega-helado artesanal que degustamos a la vuelta.

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