El Valle del Elqui es famoso por dos cosas: el Pisco y los observatorios astronómicos. Así que nuestro objectivo era conocer ambos. Llegamos a Vicuña pasada la media tarde y empezamos a buscar alojamiento. Los dos primeros en que preguntamos nos pedían 25000 pesos por noche, cuando habíamos estado durmiendo por 14000 en una doble. Y menos mal que insistimos en la búsqueda. Encontramos un residencial dispuesto alrededor de un jardín central con árboles, mesas y hamacas donde una doble nos valía sólo 10000. Y fue una gran elección porque además de poder hacer la colada a mano, el Domingo nos pudimos relajar de lo lindo en una de las hamacas. Además era el festival del pueblo, así que disfrutamos de un poco de música nacional en directo y gratis.
El Lunes fuimos a visitar la planta de la cooperativa pisquera de Capel, uno de los Piscos más vendidos de Chile. En un tour guiado relámpago de 20 minutos nos explicaron el proceso de elaboración y nos mostraron todos los productos que tienen en el mercado, desde el clásico licor a las nuevas cremas y combinados ya listos para tomar. Así que nos compramos una pequeña botella del clásico combinado de Pisco Sour de limón para la noche.
Aquella misma tarde fuimos al observatorio astronómico de Mamalluca, cercano a Vicuña, fue el primero de la zona aunque ahora sólo se use para tour turísticos debido a su pequeño tamaño y poca especialización. Actualmente en esta zona hay varios observatorios científicos, ya que los cielos cumplen unas de las mejores condiciones meteorológicas para la observación de los astros.
El observatorio toma el nombre de uno de los cerros cercanos, el Mamalluca que en lenguaje nativo significa "madre que protege" y se cree que en ese mismo punto hubo un asentamiento indígena que lo eligió precisamente por su buena localización para la observación estelar.
Vimos la luna en cuarto creciente y el sol antes del ocaso a través de telescopios de 60cm de diámetro.
Luego una exposición sobre el pasado, presente y futuro de las galaxias y de algunas estrellas como el Sol. Y tras el anochecer lo mejor, la observación de la Vía Láctea y sus constelaciones, entre ellas la Cruz del Sur y Orión. También pudimos ver otras dos galaxias que no pueden ser vistas desde el hemisferio norte, las galaxias Grande y Pequeña de Magallanes.
Como nuestra guía, una enamorada de la astronomía, se alargaba mucho, el autobusero nos devolvió a la dura realidad, ya era hora de irse, pues dependíamos de él para volver a Vicuña. Una lástima porque no pudimos acabar la observación en su totalidad, aunque todo lo que vimos nos fascinó.
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