7/1/09

Puerto Natales y Torres del Paine, 31/12/2008 - 5/1/2009

Llegamos más tarde de lo previsto ya que al ser feriado medio día había menos gendarmes trabajando en los puestos fronterizos y el paso de ambos se hizo interminable. Además en Chile inspeccionan mochila a mochila cuando entras, una eternidad. En el paso nos encontramos las 4 motos de la BMW Riders'08, que dan la vuelta al mundo, esperando como el resto de mortales la "estampita" en sus pasaportes.

Nada más llegar buscamos un restaurante donde tomar nuestra cena de fin de año y por fin encontramos una larga lista de esa comida tan deseada y añorada el último mes: pescado. Así que compramos uvas y, tras una buena cena con vinito blanco, buscamos un bar donde tomar una copa y comernos las uvas. Oscar tocó las improvisadas campanadas contra el vaso de su cerveza y, en un bar lleno de "guiris", todos nos deseamos ¡Felíz 2009!

Puerto Natales es una ciudad sin mucho encanto, azotada por fuerte viento y donde los veranos son muy frescos. Las casas, en su mayoría de madera y chapa, están caldeadas por estufas de gas, ya que el sistema de radiadores en circuito que conocemos resulta demasiado caro para la economía local. Esta ciudad aún depende enormemente del Navimag, el buque antiguamente carguero y actualmente también turístico, que llega cada jueves desde el norte lleno de provisiones y turistas.

El gran atractivo de la zona es el Parque Nacional Torres del Paine, reserva de la biosfera por la Unesco, y que es llamado el mejor parque natural de sudamérica por sus largos circuitos de trekking y su variada flora y fauna. Posee zonas de acampada gratuita muy austeras, zonas de acampada de pago con servicios y refugios cuyo precio se asimila al de un gran hotel en cualquier otra zona.

En cuanto a los circuitos, el más famoso es la "W" que suele recorrerse en 4 ó 5 días caminando una media de 6 ó 7 horas diarias. Así que nos preparamos con gran ilusión para ir al parque y durante 5 días hacer trekking y acampar recorriendo los fantásticos parajes de la "W". Sin duda sería nuestra experiencia más larga de caminata y teníamos que calcular bien los pesos de las mochilas para poder moverlas ágilmente de campamento en campamento. En nuestro mismo Hostel, Carlos, el dueño, nos alquiló el equipo: tienda, sacos, aislantes y set de cocina. Y nos proveímos de los víveres suficientes para 5 días de ejercicio físico.

El día 3 temprano tomamos el bus al parque. Al llegar estaba un poco nublado y no se veían las famosas torres, columnas de granito enormes causadas por las erupciones volcánicas y glaciaciones, y erosionadas y modeladas por el clima local. Siendo éste uno de los puntos de partida o finalización del circuito, decidimos comenzarlo por el otro lado. Tomamos un bote para cruzar el lago Pehoé y llegar al inicio del camino hacia el glaciar Grey. Nada más bajar del barco difrutamos casi por última vez de la visión de los Cuernos del Paine, antes que negrísimas nubes taparan todo el cielo y comenzara a llover.

Alterando nuestra ruta plantamos la tienda en el campamento Paine Grande, justo enfrente de donde desembarcamos, y justo antes de que la lluvia se hiciera fuerte y racheada por el viento. Así pasamos el primer día, en el refugio o "quincho" del camping amueblado con cocina, mesas y sillas para comer, esperando que al día siguiente el tiempo mejorara, aunque el pronóstico meteorológico del guardaparques no fuera nada alentador.

Todo el que llegaba de caminar venía empapadito hasta los huesos e intentaba colgar sus chorreantes ropas en un rinconcito del quincho deseando que se secaran para poder proseguir al día siguiente. Pero sin calefacción y con la gran humedad del ambiente, eso hubiera sido un milagro. Fuimos la envidia de todos con nuestra cena, una especie de fabada con su chorizo y todo. A las 22:30 nos echaron y cerraron el quincho entre protestas generales. Dormimos bastante incómodos por la falta de espacio en la tienda, pero suficientemente calentitos en nuestros sacos.

El día siguiente amaneció aún más nublado y aún lloviendo. Nuestra desesperación crecía. Decidimos llegar al menos al mirador del glaciar Grey, pero de camino nos cayó una gran tormenta y el gélido viento nos hacía sentir aún más el frio. Volvimos al campamento mojados y desilusionados. Echamos muy en falta nuestros pantalones de lluvia, pero es que no se puede traer de todo en una mochila de 65 litros solamente, aunque a primera vista parezca que es enorme. El resto de la tarde transcurrió de nuevo en el quincho, comiendo, charlando con otros compañeros de penas como Vanessa, James y Guille, y tratando sobre todo de entrar en calor y ponerle al mal tiempo buena cara. Ellos habían ido esa misma tarde al campamento Italiano, siguiente en la ruta, y nos habían contado que estaba impracticable y con escasa visibilidad del recorrido por el valle Francés.
Esa noche nos costó más entrar en calor (Ana usó 3 pares de calcetines) y la lluvia solo cesó bien entrada la madrugada.

La mañana siguiente, tras una breve tregua en la que vimos algún rayo de sol, recogimos las tiendas y decidimos probar suerte en el otro extremo de la ruta. La esperanza es lo último que se pierde y, quién sabe, igual en las Torres no llovía...Cogimos el barco de regreso y mientras esperábamos el autobús hacia las Torres, dimos un corto paseo para ver la cascada Salto Grande, durante el cual comenzó de nuevo a llover, el cielo se cubrió de grises nubes, el gélido viento regresó y acabó de convencernos de que lo mejor que podíamos hacer, con un pronóstico de lluvia y fuerte viento para los tres días posteriores también, era regresar a Puerto Natales.

Así llegamos de nuevo al Hostel cargados más con nuestra fustración que con el peso de nuestras mochilas. Sólo deseando disfrutar de una larga ducha con agua caliente y una fabulosa cena con nuestros amigos y compañeros de fustración, a base de pizza y cerveza. Lo mejor de esos días a parte de la compañía, la tienda, que aguantó estoícamente lluvia y viento a pesar de no parecer muy resistente.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Motxileros!
Gran narración de nuestra doble V. Media V, perdón.
¡A ver si un dia de estos colgáis las fotos para que pueda robaros algunas!
Un abrazo desde Ushuaia.
Guille
www.lavueltaalmundoenblog.blogspot.com
guillermo.de.prada@gmail.com