7/4/09

Máncora, 27-31/03/09

Llegamos al punto más al norte de nuestra ruta casi tocando con la frontera ecuatoriana: Máncora. Si alguna playa es famosa en el Perú es ésta, y es que es una larga playa de fina arena blanca repleta de complejos turísticos para todo tipo de bolsillos. Llegamos muy pronto en la mañana y el mototaxi nos llevó a un hostel baratito, muy baratito para lo que es Máncora, era tan barato que ni las hormigas quisieran pasar la noche en ese cuchitril. Menos mal que justo al lado había otro mucho mejor y casi al mismo precio. Las 2 camas de matrimonio con mosquitera y su amplio baño nos hicieron decidirnos por ese sitio, además de por su tranquilidad, limpieza y cercanía a la playa, a escasos 5 metros. Bueno, de hecho, el 99% de los hoteles están a esa distancia, y es que Máncora es bastante pequeño.


Como en Huanchaco, el plan no pasaba de tomar el sol, ponernos morenos y disfrutar de las mejores puestas de sol que hasta el momento hayamos presenciado, y es que Máncora es el sitio ideal para no hacer nada puesto que no hay nada que hacer. Desgraciadamente esta vez no pudimos disfrutar de la gastronomía peruana debido a que teníamos un poco floja la parte intestinal, así que nos pusimos a comer arroz herbido como los chinos y no mucho más.
La playa de Máncora es tan larga que uno puede sentirse solo teniendo la persona más cercana a más de 50 metros, con lo que la sensación de "esta es mi playa" a veces se podía percibir.
Esta vez el hostel no disponía de piscina y no encontramos un lugar donde comprar el periódico, así que nuestra rutina aún se redujo más que en Huanchacho. Pero encontramos el hobby perfecto para matar nuestras horas en la playa, y éste no fue otro que ver como los cangrejos se escondían en sus múltiples agujeros y/o caminaban de lado a una velocidad de vértigo.



No todo fue estupendo en la playa pues había ciertas cosas que no estaban bien. Las playas no estaban limpias del todo pudiendo ver residuos alrededor, o como una espumilla amarillenta que no estaba claro de donde procedía. Por el contrario el agua del mar estaba permanentemente a unos 25 grados así que no había problema alguno en bañarse.


Solo nos quedó pendiente poder celebrar el cumpleaños de Óscar con una buena cena, pero como nuestros estómagos no estaban para experimentos, decidimos aplazarlo para cuando volvamos a Catalunya. ¡Ah! Si, ¡Que Óscar cumplió los 32! Se hace un poco mayor pero el chico está mejor que nunca: moreno y con unos cuantos kilos de menos ;-)


No hay comentarios: