7/4/09

Huanchaco, 20-24/03/09

Llegamos al Hostel de Huanchaco a mediodía, y justo fue dejar las mochilas en la habitación para bajar a la piscina a tomar el sol y darnos un chapuzón, y es que el tiempo acompañaba, ¡Que calorcito más rico!
El plan en Huanchaco no pasaba de disfrutar de unos días de sol y playa (o piscina), relajarnos a tope y disfrutar un poco de la cocina peruana costera. La oferta es extensa en restaurantes pero cortita en platos. El archifamoso ceviche, pescado crudo fresco con cebolla y mucho limón, está presente en todos los menús y cartas y casi parece un delito no pedirlo. Es recomendable probar el arroz con mariscos que es lo más parecido a una paella que uno se puede encontrar por aquí.



Caminando por el paseo marítimo uno puede contemplar aparcadas como grandes tablas de surf en vertical las denominadas caballitos de totora, embarcaciones hechas de totora totalmente de modo artesanal y que tienen una vida de aproximadamente 3 meses ya que el material no es tan resistente al mar como pudiera parecer a primera vista. Si uno se atreve se pueden alquilar para dar un paseo por el mar con ellas o incluso, para los más atrevidos y expertos, ¡Hacer surf!
Y hablando de surf, Huanchaco es bien conocido por su oleaje y por ser un lugar magnífico para iniciarse al surf y, ¿A que no sabéis quién cogió su primera ola? Ana tomó una clase magistral y pudo surfear por unos momentos como si de una experta se tratase ;-)





Los días en Huanchaco se convertían en una brillante rutina que era muy fácil acostumbrarse: Desayuno, leer el periódico en la piscina, tomar el sol, chapuzón, comer, paseo por la playa, cena, paseo y a dormir. Pero como no nos gusta la rutina, aún y con lo buena que era esta, procedimos a buscar nuestra próxima parada, y es que 5 días de reláx fueron suficientes.


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