Salimos de Ayacucho temprano en un bus con ruedas todoterreno, y es que la carretera a Huancayo no es para menos. Más que carretera llamémosla pista, ya que es estrecha y sin asfaltar, eso sí, con unas paronámicas excelentes si no miras hacia abajo del precipicio muy cerquita de la ruedas. Las 8 horas del viaje se eternizaron entre la lentitud obvia del trayecto, el calor y la incomodidad del bus. Sólo sumar a eso que Ana incubaba su primera gastroenteritis fuerte.
La visión de Huancayo fue bastante decepcionante, grande y sin valor estético, nos fuimos a pasar la noche a nuestro también poco estético hotel, algunos más cerca del baño que otros. Menos mal que solo era una parada técnica en nuestra ruta a la selva.
5/4/09
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