30/12/08

El Calafate, 24/12/2008

Nos encontramos en El Calafate, una de las ciudades más turísticas y más caras de Argentina junto con Ushuaia y El Chaltén. Pueblo de casi nueva creación, pues su historia se remonta a unos 100 años aproximadamente de antigüedad. Se ve que cuidan el aspecto e impacto visual hacia el turista ya que todo está bastante nuevo y limpio.
Teníamos un par de excursiones que podíamos hacer: visitar el glaciar Perito Moreno realizando un trekking sobre él o realizar una navegación por el Lago Argentino avistando 3 glaciares y unos cuantos icebergs por el camino. El trekking sobre el hielo ya lo habíamos hecho el año anterior así que nos decidimos por la navegación y procedimos a buscar una agencia que nos ofreciera esta excursión.
Paseando por el pueblo fue curioso ver cómo entre medio de las tiendas de deportes y agencias de viajes se encontraba un vivero de plantas que apenas contaba con una caseta donde resguardarse del fuerte viento que azota la zona. Es como ver la típica iglesia norteamericana en medio de los rascacielos de oficinas.
No hemos hablado aún del Hostel y es que, como llegamos tan tarde, pues casi ni lo vimos. La verdad es que no está mal, es grande y la habitación compartida es sólo de 4 personas. La compartimos con Hilario y Paolo, un suizo y un italiano muy majos con los que enseguida empezamos a compartir unas risas. Éste último, Paolo, es cocinero y fue él el que inició una batida para intentar juntar a todo el mundo en la misma mesa la noche del 24. Como era de suponer, nosotros nos apuntamos a la fiesta culinaria, pues nuestro plan no pasaba de cenar solos en ese día tan señalado. Nos juntamos unas 20 personas en el Hostel para la noche del 24 y muchos de ellos se pasaron la tarde cocinando, entre ellos nosotros. ¿Qué podíamos preparar para compartir si no teníamos casi de nada? La solución se llamó Irene, una chica catalana muy maja que había comprado patatas, cebollas y huevos para hacer todas las tortillas de patatas que se pudiera. Así que nos pusimos manos a la obra a pelar patatas y cebollas.

Óscar fue por esta vez el "maestro cocinillas" dominando los fuegos con una facilidad pasmosa digna de los chefs más reconocidos. Mientras tanto, toda la tropa de pinches de Paolo se dedicaron a hacer pasta casera, o sea, a amasarla y a cortarla en tiras a mano.

El resultado no pudo ser más perfecto pues al final el menú de la nochebuena fue el siguiente: pasta casera con salsa de berenjenas, puré de calabaza, ensalada mediterránea estilo israelita, crépes con caramelo y nuestra formidable aunque un poco quemada tortilla de patatas. Ah! falta mencionar la aportación del personal del Hostel que nos deleitó con un mini-bocata de chorizo ;-) La cena estuvo regada por vinos y cervezas del lugar y no faltó nada más que la familia y amigos del otro lado del charco que sin duda se echaron mucho en falta.

Aún faltaba algo muy especial por aparecer en esa noche tan mágica: los regalos. Nadie los esperaba, por supuesto, pero Irene tenía un As en la manga y había preparado una sorpresa para todos (os dije que era muy maja, ¿verdad?). Nos había pintado una piedra pequeñita para cada uno con motivos tribales y la fecha para el recuerdo. Nosotros las llevaremos de amuleto durante el resto del viaje.

Sin duda que nos acordamos mucho de todos vosotros, aunque estos chicos que se hospedaban en el Hostel nos lo pusieron difícil...En definitiva sólo nos queda desearos una ¡¡¡Feliz Navidad!!!

1 comentario:

Anónimo dijo...

pues oye para estar en la otra punta del mundo para la dulce navidad os lo montasteis muy bien. esto de los encuentros hippies son siempre muy populares.aunque algun dia os marcareis un buen chuleton de carne argentina, no? gastaros la pasta cabroncetes!!!
bon nadal!!!