Dejamos Ushuaia bien temprano el Martes, a las 5 de la mañana salía el bus hacia Río Gallegos de nuevo. Y de nuevo 4 controles fronterizos y 4 sellos más en el pasaporte. El viaje se hizo pesado. Pero Ana vuelve a encontrarse en perfectas condiciones. Y es que creemos que la afectó directamente la fuerte polaridad del fin del mundo y no hacía más que golpearse contra cosas y dejar caer objetos, pobrecita...Menos mal que ya está repolarizada.
Llegamos a Río Gallegos a las 6 de la tarde, con una hora de retraso ya que el fuerte viento patagónico en el estrecho de Magallanes impidió durante largo rato que el trasbordador zarpara. Algunos locales nos avisaron de la posibilidad de quedarse "atrapado" en el estrecho durante días debido a los fuertes vientos que allí soplan. Así que nos sentimos muy aliviados cuando vimos al trasbordador llegar.
A las 8:30 de la tarde salía el bus de conexión de Río Gallegos a El Calafate y gracias a un retrasillo de salida y dos larguísimos controles policiales por el camino, llegamos a nuestro destino a las 2 de la madrugada. Super cansados y sin idea de cómo llegar a nuestro Hostel conseguimos montarnos en un taxi ante la dura competencia israelita por conseguir uno. Y es que el sur de Argentina está lleno de israelitas juveniles que viajan en grupo y se mueven cual plaga de mangostas asolándolo todo a su paso, jeje. Además, en el sur te cruzarás a la misma gente en cada ciudad que vayas, es como un submundo de turistas moviéndose individualmente, pero a su vez en conjunto: todo son caras familiares, a veces gratas y otras no tanto.
No querríamos acabar este post sin citar "el" recuerdo positivo de Río Gallegos: una divina puesta de sol desde el autobús.
30/12/08
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